13 de noviembre de 2012 | 00:00:00


El Síndrome del Figureo

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La ingeniería genética: la solución

Por León Núñez | Opinión



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Las investigaciones genéticas que se han llevado a cabo últimamente han demostrado, según algunos científicos, que las personas están programadas por los genes. Ya no es un secreto para nadie que muchas enfermedades son transmitidas genéticamente; son heredadas. Y la verdad es que esto no es nada nuevo. Los trabajos de Mendel sobre la herencia son conocidos desde hace mucho tiempo. Es más, se dice que hasta el comportamiento de una persona está determinado por su patrimonio genético. Todos tenemos un código genético. Podría hablarse de que existe inclusive una dimensión genética de la personalidad.

Naturalmente que no todos tenemos los mismos genes. Si una persona no tiene el gen artístico del Greco, de Goya, de Picasso, de Dalí….….. significa que no tiene la predisposición genética para la pintura. Los hombres que no tienen el gen de la seducción que tuvo Giacomo Casanova, tendrán toda su vida que resignarse a tener mala suerte con las mujeres. Las personas que no tienen el gen de la imbecilidad, nunca la van a padecer, al igual que nunca padecerán de falta de claridad mental, los que no tienen el gen de la estupidez. Muchas enfermedades, incluyendo enfermedades mentales, tienen su propio gen.

Desde que empecé a informarme pormenorizadamente de la extraordinaria importancia de la Ingeniería Genética, que fue a partir de mi conocimiento y comprensión del Proyecto del Genoma Humano, en California, que dirigió el doctor Watson, cambió mi actitud ante las personas. Cuando yo veo en la televisión, o me encuentro en la calle, en el cine, en el restaurante, etc., a alguien hablando disparates, lo que menos se me ocurre es juzgarlo. Ahora trato de comprenderlo porque lo primero que pienso es que algún gen está afectando sus facultades mentales. Lo deseable sería que se le reparase el gen para curarle la enfermedad, lo cual, en Nicaragua, no es todavía posible.

Yo creo que el gobierno de Nicaragua debe mandar a estudiar Ingeniería Genética a los Estados Unidos a quinientos nicaragüenses por lo menos. Es necesario hacer cualquier esfuerzo económico, por muy grande que sea, para capacitarlos —quizás quinientos sean suficientes— en esta rama de la Ingeniería, cuya aplicación vendría a resolver, no todos, pero sí algunos graves problemas que aquejan a nuestro país.

Estos quinientos nicaragüenses, distribuidos en todo el territorio nacional, serían los encargados de un programa que yo llamaría de reparación genética. Serían no sólo los responsables de curar la enfermedad mental de hablar disparates, sino que serían los encargados de resolver muchos problemas. Hasta podrían encargarse de evitarlos. Podrían dirigir un programa, por ejemplo, de prevención contra la corrupción. En este caso, se empezaría por examinar a todos los funcionarios públicos.

El servidor público que tuviera el gen de la robadera inmediatamente se le repararía; se le repararía el gen. No habría necesidad ni de correrlo. Esta reparación produciría una mutación genética. El gen de la robadera se transformaría en el gen de la honradez. A los funcionarios públicos con el gen de la honradez les sería físicamente imposible incluso incurrir en responsabilidades administrativas. ¿Cuál sería la consecuencia inmediata? Sería el cierre de la Contraloría General de la República, pues la honestidad en la administración de los bienes del Estado estaría genéticamente garantizada.

Es importante hacer la observación de que para muchos científicos se debe buscar en los genes el origen del bien y el mal. Pues consideran que son conceptos programados por los genes. De confirmarse esta tesis el futuro de la humanidad es esperanzador.

Ya no necesitaríamos proceder a la duplicación de personas buenas a partir del cultivo de sus células in vitro. Ya no necesitaríamos fabricar masivamente personas buenas. Ya no necesitaríamos la clonación. Bastaría que, utilizando las más adelantadas técnicas de manipulación genética, se emprendiese una cruzada mundial de reparación de los genes de la maldad, de los genes del delito, para que llegara a ser realidad el sueño del hombre nuevo.

¿Cuál sería el resultado de esta cruzada? La delincuencia desaparecería, y todos los reos, con sus genes delictivos ya reparados, tendrían que ser puestos en libertad. Las cárceles serían cerradas, y los policías tendrían que buscar nuevos oficios. Podríamos seguir exponiendo más ejemplos, con los que la Ingeniería genética desafía a la imaginación, pero creemos que, por hoy, basta con los ejemplos que hemos expuesto. Todo lo demás, y todo lo demás es bueno, vendría por añadidura. Sin dejar de tener en cuenta la opinión de Goldschmidt de que también la ciencia tiene derecho a soñar no descartemos el criterio de que con la Ingeniería genética podría empezar la solución.


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