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Desde 1978, año del lanzamiento de las reformas económicas promovidas por el gran líder Deng Xiaoping, China aplica una estrategia de “contaminar ahora, limpiar después” que ha llevado a problemas medioambientales tan grandes como su famoso éxito económico.

Siendo ya la segunda economía mundial, el gigante de Asia es ya el primer emisor de dióxido de carbono, según datos de organismos internacionales. La voracidad creciente de recursos energéticos que el desarrollo industrial acelerado impone es satisfecha ante todo con carbón, cuyas tecnologías de procesamiento están entre las más “sucias” con respecto al medioambiente.

El debate sobre las energías limpias, la preservación del ambiente natural y la reducción de emisiones ha cobrado importancia en las últimas décadas. Sin embargo, los problemas medioambientales siempre han sido considerables en la historia china.

El conocimiento de que el control de la actividad humana o su modificación eran necesarios para reducir la degradación del entorno, ya existía en tiempos antiguos, según afirma el autor Richard Louis Edmonds, de la Universidad de Londres. Los clásicos chinos muestran que 500 años antes de nuestra era, la gente estaba consciente de la relación entre la extensión de los bosques y los niveles de precipitación.

En algunos lugares, los métodos de agricultura orgánica usados por siglos han permitido evitar un mayor deterioro de los suelos. Ha sido en los últimos 4 siglos en los que el ambiente ha sufrido el más grande deterioro, siendo los últimos 50 años” el de la industrialización acelerada -- el peor período.

Tradicionalmente, China ha tenido una escasez de tierra arable y una población muy grande, lo que planteaba hallar soluciones para la demanda de irrigación con fines agrícolas, alimentación, crianza de animales y gestión de bosques.

Con la población más grande del planeta – 1,300 millones de personas --, apenas el 14 % de su área total es constituida por tierra cultivable. La cantidad de tierra arable per cápita se redujo a la mitad entre 1949 y 2000. Estos factores, sumados al de una agricultura de mano de obra intensiva, plantean una presión inmensa sobre la explotación del suelo.

La escasez de agua potable, la contaminación de ríos por causas industriales, son otros graves desafíos. En las ciudades, al menos el 80% de las áreas con superficie acuática está contaminado, y, en general, todos los ríos tienen un grado de polución, siendo el norte de China donde se presentan los mayores problemas. Por ejemplo, en el Río Amarillo es común ver altos niveles de amoníaco, permanganato de potasio, de petróleo y desechos orgánicos, según Edmonds.

China es ya el mercado de ventas de automóviles más grande, superando a EU. Se espera que en 2015, más de 100 millones de autos circulen por carreteras y ciudades. Esto, junto a las emisiones de la industria, hace que una decena de ciudades chinas con millones de habitantes --Pekín a la cabeza-- esté en la lista de urbes con el aire más contaminado del mundo.

El Banco Mundial estimó que entre 1995 y 2020, la demanda de carbón para fines de consumo de energía se triplicaría. Aunque el porcentaje del petróleo --China es un importador grande-- como fuente de energía, la República Popular China representa ya el 10% del consumo global de energía y el 82% de los gases de efecto invernadero provienen del consumo energético.

Hacia finales de la presente década, China estará importando el 70% del petróleo a consumir, según la US-China Economic and Security Review Commission del Congreso de los Estados Unidos.

La omnipresente actividad económica china en África incluye, además del petróleo y los minerales, inversiones en el negocio de la madera. Ayer, una ONG, la Agencia de Investigación Medioambiental (EIA), acusaba a China de ser el primer importador, exportador y consumidor de madera del mundo, y también de ser el mayor responsable de la depredación de los bosques tropicales.

“Entre el 80 y el 90% de los árboles talados en Mozambique terminan en China”, dijo Julian Newman, un responsable de EIA. “La ONG con sede en Londres destaca que la demanda interna es el principal factor de alza de las importaciones de madera, que se triplicaron desde el año 2000”, de acuerdo a la prensa.

Pese a esta situación, la postura oficial en la 18ª Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebra en Doha, sigue siendo que no se le puede exigir la reducción de emisiones industriales al mismo nivel que a los países desarrollados. Pekín reclama un trato de país en desarrollo.

Mientras tanto, la factura que pasará el medio ambiente se abulta y se abulta.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico.

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