30 de abril de 2013 | 00:00:00


Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Honor y gloria a los trabajadores

Sergio García Quintero | Opinión



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Solamente en un país cuyo gobierno ha logrado superar los inconcebibles límites de cinismo y corrupción, tal como ocurre en Nicaragua, puede uno tener la oportunidad de oír y contemplar por la radio y la televisión a alguien como el doctor Gustavo Porras, manifestando con voz solemne y mayestática, que el Día Internacional de los Trabajadores, fecha universal y la más universal de las fechas, no se celebraría en el presente año el 1ro. de mayo, sino el 30 de abril, para que se aprovechara la efemérides con que se honraría la memoria del comandante Tomás Borge Martínez, muerto en esta última fecha.

Era más importante sacrificar la sagrada fecha histórica en honor de los trabajadores nicaragüenses y de todo el universo para que apretadamente se ajustara al día de la defunción de ese cuestionado personaje que nada tuvo que ver nunca con los trabajadores, a los que más bien trató siempre con marcado menosprecio y absoluto desdén.

El recuerdo de la muerte por afecciones hepáticas y respiratorias de Tomás Borge, fue más importante para los prestidigitadores que manejan a Gustavo Porras, que el sacrificio de los Mártires de Chicago Alberto Pierson, August Spies, George Engel, Adolph Fischer, Luis Linng, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe, y la tragedia de todos los trabajadores del mundo, que desde el inicio de los tiempos han sellado con sus sudores, sus sangres y sus lágrimas, los logros todavía miserables que han alcanzado de la justicia social, la ley y el derecho.

No sigamos haciendo chacota de los trabajadores de nuestro país y, por ende, de los trabajadores del mundo, con declaraciones del más falso y corrupto de los “sindicalistas” de toda la historia de las luchas sociales en Nicaragua, llevado a la cúspide de las organizaciones de trabajadores, sin más mérito que ser el más servil, corrupto e incondicional del presidente de facto, Daniel Ortega, a quien ha entregado el sindicalismo atado de pies y manos después de comprar y corromper a los pocos líderes de supuestas organizaciones que se dicen independientes, traidores de la lucha obrera, reducidos al triste papel de comparsas en el sainete anti-obrero del gobierno.

A pesar de que, para la celebración mancomunada que anunció el “líder”, diputado y médico, no ofreció expresamente ninguna fiesta, carnaval o “pachanga”, ni ofreció que se repartirían láminas de zinc o paquetitos conteniendo una libra de frijoles, una libra de arroz y una cuartita de aceite para cocinar; sí ofreció a los trabajadores, “para hacerles más bonita la vida”, los emotivos discursos de doña Rosario Murillo, del mismo Gustavo Porras, José Antonio Zepeda y de Luis Barboza, rebosantes de palabras de amor y reconocimiento al gobierno de Daniel Ortega, por ser éste el artífice del estado actual de los trabajadores, hartos de felicidad y abundancia en todos los órdenes, en el que el alza desenfrenada de los precios de la energía eléctrica, del agua, del gas de cocinar y de los precios del transporte público, no logran empañar la gestión del gobierno socialista y cristiano que le regalan a nuestro pueblo.

Redundante sería la enumeración de las Resoluciones y Recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, las normas constitucionales, los artículos del Código del Trabajo y sus reglamentos; las disposiciones de la Ley de Seguridad Social y las de la Ley de Servicio Civil, que a diario se violan flagrantemente; violaciones estas que han envilecido las luchas del movimiento obrero y reducido a la clase trabajadora a la miseria económica y a la bancarrota de sus valores morales en esta Nicaragua “socialista, solidaria y cristiana”, por la que ha luchado con tanta devoción, entrega y abnegación, nuestra inefable doña Rosario, que, a pesar de ser una Primera Dama ilegal y de facto, se ha entregado con sublime vocación a servir al pueblo con tanto amor que nos recuerda a Santa Teresa de Calcuta, plena de la inspiración y las bendiciones que a manos llenas recibe doña Rosario del santo guía espiritual de la familia gobernante, Cardenal Miguel Purificación Obando Bravo.

Hasta que se respete plenamente el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos, tanto en el sector privado como en el sector público; hasta que se respete sin subterfugios de ninguna clase el derecho a la huelga de los trabajadores al servicio del Estado; hasta que el Estado le reconozca a los empleados públicos el derecho de negarse a participar en marchas, plantones y otras actividades políticas a las que son obligados a asistir en tropel como si se tratara de recuas de animales domesticados, para que canten, griten, bailen y echen vivas en demostración de solidaridad con los líderes del gobierno; hasta que la ley disponga en convertir en apremio corporal la remisa actitud del empleador que vencido en juicio en los tribunales de justicia se niega a cancelar lo que está obligado a pagar a los trabajadores según dicha sentencia; hasta que el gobierno de Ortega cancele al Seguro Social los seiscientos millones de dólares que es en deberle, deuda ésta que perjudica a los trabajadores activos y a los jubilados, a quienes se les pretende obligar a trabajar hasta los sesenta y cinco años de edad y completar mil quinientas cotizaciones para poder gozar de las prestaciones a que tienen derecho; hasta que se logre la protección legal de los choferes de taxi, totalmente marginados de las leyes laborales; y, para no hacer interminable esta incompleta enumeración, concluiremos demandando el restablecimiento del Tribunal Superior del Trabajo, inspirado para impartir justicia en el más legítimo tripartismo, abolido por un triunfante movimiento popular sandinista que ha fracasado en su ejecución, dando lugar al comentario que se escucha entre nuestro pueblo, de que la medicina salió peor que la enfermedad… Será hasta entonces que el gobierno ilegítimo de Ortega, de doña Rosario, de la Ministra del Trabajo y de los vergonzantes “líderes” sindicales mencionados, que podrán estos sumarse a la celebración del Día de los Trabajadores sin que les invada la vergüenza.

Con indignación prevengo al Gobierno que no se siga burlando de los trabajadores a los que ya ha escarnecido suficiente; que no los siga engañando a través del falso “líder” Gustavo Porras y sus demás comparsas; que no los siga provocando, para que no suba de volumen aquella estrofa lejana pero nunca olvidada, que decía: “Miradme bien, vuestro edificio es mío/ mío desde el remate hasta la planta;/ mío por que mi mano lo construye,/ y esta mano es la mano que levanta, pero también la mano que destruye”.

 

* Abogado.


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