12 de junio de 2013 | 00:00:00


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El sueño del Gran Canal de Nicaragua

Valentín Barahona Mejía | Opinión



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Hace cinco siglos surgió la idea de construir en Nicaragua el Gran Canal interoceánico. El objetivo: unir el mar Atlántico con el Pacífico para dinamizar el comercio mundial. Por circunstancias económicas (la obra se consideraba costosa) y políticas (inestabilidad interna, intervenciones militares), la construcción del canal se postergó. A inicios del siglo XX, Estados Unidos, haciendo malabares políticos, segrega de Colombia el territorio de Panamá y empieza la construcción del canal por territorio panameño.

La construcción del canal implicó la pérdida de la soberanía de Panamá. Estados Unidos se constituyó en el dueño absoluto de la obra; instaló bases militares y fijó los costos del peaje. Durante casi 100 años el pueblo panameño solo vio pasar los beneficios que dejaba la obra; las ganancias se las llevaban los gringos; mas con mucho sacrificio el pueblo panameño luchó por recuperar un derecho legítimo, usurpado por los norteamericanos, y después de pagar altos costos los panameños recuperaron el canal para su propio beneficio.

Entretanto, Estados Unidos, con el tratado Chamorro-Bryan, amarraba las manos de Nicaragua, reservándose la exclusividad de construcción del Gran Canal, para así evitar que el país cediera los derechos a otra nación. El tratado Chamorro-Bryan fue derogado en la década de los 70, pues se consideraba inane, además los gringos se sentían seguros con la dictadura de los Somoza.

Mas como los tiempos cambian, la dictadura de los Somoza fue derrotada en 1979; el comercio mundial creció increíblemente; los barcos dejaron de ser lanchitas, transformándose en barcos de gran calado; el canal de Panamá de 1914 se volvió obsoleto e insuficiente, ya no resolvía la demanda; son enormes las filas de barcos que esperan turno para cruzar el canal, ocasionando enormes pérdidas al comercio mundial, razón por la cual existe consenso en la comunidad internacional de la necesidad de construir otro canal por el istmo centroamericano, que supla las necesidades del comercio. Y la vista la tienen en Nicaragua, respaldan la idea de construir otro canal que resuelva el tráfico de mercaderías.

Fue así que un grupo de empresarios nicaragüenses, en la década de los años 90, iniciaron estudios de prefactibilidad y llegaron a la conclusión de proponer seis posibles rutas para la construcción del Gran Canal; el Gobierno en el 2012 reforzó la iniciativa enviando al Parlamento un proyecto de ley. Con la ley 800 se nombra a la autoridad del Gran Canal; en ese momento de manera ingenua se pensó que el país podía asumir el 50% de los costos de la obra; idea que está siendo abrogada, por medio de una nueva ley, donde el Gobierno cede los derechos de concesión para la construcción del Canal a una empresa de China Continental, conocida como HK Nicaragua Canal Development.

Estas iniciativas intentan hacer realidad un sueño que perdura desde hace 500 años. Mas, como en todo, siempre hay personas que se oponen al progreso, han surgido voces que objetan la construcción del Canal de Nicaragua. Unos arguyen daños ambientales al Lago de Nicaragua; otros enarbolan la bandera de la soberanía; hay quienes dudan de la concesionaria y hablan de estafa y corrupción, por los 40 mil millones de dólares que costará la obra. De esta suerte, si se atienden todas las objeciones el proyecto del Gran Canal de Nicaragua seguirá siendo un sueño irrealizable.

Una de las debilidades que tiene el nicaragüense es su falta de visión de futuro; jamás se piensa en grande; la mentalidad es comer hoy, pues mañana se pierde el mundo. Por ese tipo de concepciones es que seguimos siendo una nación pobre y atrasada, sin vislumbrar en el horizonte un futuro mejor.

Ciertamente la construcción del canal traerá daños ambientales, los que habrá que amortiguar hasta donde sea posible; a los inversionistas que traerán grandes capitales, hay que asegurarles mediante una ley que la inversión estará garantizada; habrá que sacrificar un poco la soberanía nacional, ya que el país no dispone de recursos propios para la construcción del canal.

Es probable que en los primeros años no se vean beneficios inmediatos, mas sólo el hecho de conseguir una inversión de 40 mil millones de dólares, para un lapso de 10 años, indudablemente implicará un repunte increíble a la pobre economía nacional. Por estas razones todos debemos apoyar la construcción del Gran Canal de Nicaragua.

 

* Abogado y notario


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