6 de agosto de 2013 | 00:00:00


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Estadísticas de criminalidad en Nicaragua

Valentín Barahona Mejía | Opinión



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En un acto oficial la Directora de la Policía Nacional, Primera Comisionada Aminta Granera Sacasa, informó al Presidente de la República, que la criminalidad en el país disminuyó significativamente. Por ejemplo en homicidios, la tasa era de 12 homicidios por cada 100 mil habitantes; el informe dice que bajó a 11.

Esto significaría que Nicaragua es uno de los países de la región centroamericana actualmente más seguros, comparándola con Honduras, El Salvador, Guatemala, aun con Costa Rica, donde los homicidios sobrepasan de 20 e incluso hasta 90 homicidios por cada 100 mil habitantes.

No obstante, en nuestra sociedad se mueven grupos de mujeres agrupadas en redes, a través de las cuales llegan a los medios de comunicación social, usan las cámaras de televisión y los periódicos y difunden irresponsablemente que la violencia contra las mujeres en este país es imparable, que es un problema de salud, una pandemia. Con tal mensaje ponen en entredicho lo informado por la Policía Nacional, institución que asevera que la violencia en general en esta nación está en retroceso.

En cuanto a cifras, como ciudadano estoy en el deber de creerle más a la Policía Nacional, porque esta tiene montado todo un sistema de registro y control por municipio y departamentos que permite monitorear las incidencias delictivas a nivel nacional. Entonces, si el órgano policial dice que la criminalidad ha bajado, es porque ha bajado.

Cuando voy por la calle y lugares públicos, me siento más seguro, no tengo la sensación de que a la vuelta de la esquina me espera un delincuente para asaltarme a plena luz del día. De manera que todo lo que digan ciertos en cuanto a la espiral de violencia, no tiene credibilidad por carecer de bases científicas.

En el año 2012, la Policía Nacional publicó un Anuario de Estadísticas de Criminalidad, que abarca el periodo 1982-2011. El informe recoge año por año los diferentes delitos como el robo con violencia y fuerza; delitos contra las personas, lesiones, violaciones sexuales, homicidios, asesinatos, etc. Aun las estadísticas expresan el número de denuncias, reflejado por municipio, departamento y región autónoma.

Sin embargo, las estadísticas policiales adolecen de cierta deficiencia del cual se aprovechan sectores manipuladores, pues ponen al país en el mismo nivel de Honduras, El Salvador y Guatemala. Las estadísticas señalan que en el año 2011 murieron por homicidios y asesinatos 720 personas, mas no detallan al sujeto activo: cuántos fueron hombres y cuántas fueron mujeres. Lo mismo pasa con el sujeto pasivo. Se desconoce cuántas mujeres homicidas, cuántos hombres homicidas, tampoco señalan los móviles que llevaron al hecho criminal, o si el homicidio se produjo por asalto, venganza, celos pasionales, etc.

En otros países, las estadísticas de criminalidad son mucho más puntuales; los registros se llevan por sexo, edad, raza, demarcación geográfica, condición económica, nivel escolar, etc. Toda esta información es procesada y sirve a los criminólogos, psicólogos y psiquiatras a fin de estudiar el fenómeno y formular políticas públicas de atención y combate a la violencia, en especial dirigidas a sujetos que se hallan en riesgo de incurrir en acciones violentas en perjuicio de la ciudadanía y la sociedad.

Ya pasaron aquellos tiempos en que se creía que el fenómeno de la delincuencia se resolvería aplicando mano dura a la violencia, llenando las cárceles de convictos, o aprobando leyes draconianas, cerrando las puertas a la prevención y rehabilitación de las personas que sufren conductas antisociales.

Los estudios más recientes demuestran que ante el problema de la violencia, todos, de una u otra manera, tienen cierto grado de responsabilidad, pues el germen que incoa el mal de la violencia se halla en el hogar, con una madre o un padre que da maltrato a sus hijos; en el entorno escolar, el barrio, con las pandillas juveniles, aun con la institución policial, cuando sus agentes se exceden en el uso de la represión.

Por tanto, si queremos disminuir el fenómeno de la violencia a su más mínima expresión, todos debemos de contribuir, empezando con el Estado y el sistema educativo, por cuanto la violencia tiene su génesis por acción u observación; es reactiva o proactiva.

 

* Abogado y notario

 

 


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