3 de septiembre de 2013 | 00:00:00


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El gobierno de calle

Carlos Corea Balladares | Opinión



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Los sectores derechistas aglutinados en las transnacionales, terratenientes, oligarcas y vendepatrias, consideran que los pueblos no son capaces de llevar adelante la emancipación de la explotación, el colonialismo, la dependencia y subordinación política ideológica a los centros de poder hegemónicos.

Su formación ideológica de dominación, soberbia, prepotencia, altanería y menosprecio hacia quienes no pertenecen a su clase social, no les permite comprender que los líderes revolucionarios provienen de las entrañas de sus pueblos respectivos. Fidel, Raúl, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Evo, Daniel “Lula” y obviamente Hugo Chávez. Consideran que, desaparecido el líder, desaparece el proceso a corto, mediano o largo plazo. La respuesta venezolana desmiente categóricamente esta concepción burguesa con su matriz ideológica de dominación y sometimiento.

Han pasado cinco meses de la partida y paso a la inmortalidad del comandante Hugo Rafael Chávez Frías, ideólogo e impulsor de la Revolución Bolivariana, del socialismo del siglo XXI y de la unidad latinoamericana y caribeña. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente. El presidente actual, Nicolás Maduro, junto con su equipo de gobierno y el pueblo chavista, ha tenido que enfrentar muchos obstáculos no solamente heredados, si no también aquellos que han sido orquestados de forma concienzuda, política e ideológica, para desestabilizar y destruir tan bello proceso revolucionario.

Primero, la derecha venezolana, junto con sus pares a nivel internacional, promueven una campaña de desconocimiento de los resultados electorales demandando una auditoría electoral. Lo inaudito es que Capriles, quien encabezó la tragicomedia, fue reelecto gobernador del Estado de Miranda con el mismo Consejo que en elecciones anteriores, donde salió electo, no cuestionó.

Paralelamente se producen hechos de violencia dejando una secuela de muerte, destrucción, odio y menosprecio hacia el chavismo. Los elementos anteriores se complementan con el trabajo internacional que realizan diputados derechistas con sus homólogos latinoamericanos y el propio Capriles visitando a presidentes como Santos de Colombia, lo cual ocasionó una crisis político-diplomática que estuvo a punto del rompimiento de relaciones argumentando Venezuela que, recibir a un personaje que desconoce el proceso electoral y a las autoridades electas, es un gesto de mala fe sobre todo, cuando Caracas hace grandes esfuerzos en las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC.

Toda esta agresividad, concatenada con el desabastecimiento y especulación de precios fue la estrategia para tumbar la Revolución Bolivariana, considerando el impacto emocional causado por la muerte del presidente Chávez. Las fuerzas reaccionarias consideraron que era el momento para deslegitimar al presidente Maduro quien respondió con serenidad, valentía y decisión firme, respecto a un conjunto de tareas para continuar y profundizar el proceso bolivariano.

A cinco meses de la desaparición física de Chávez, la Revolución se profundiza con el gobierno de calle, cuyo objetivo es la interrelación del gobernante con su pueblo, en permanente diálogo y comunicación avanzando en la organización y perfeccionamiento de la democracia participativa y protagónica. Como estadista, Chávez logró visualizar la forma organizativa del socialismo latinoamericano. Las comunas populares constituyen las células embrionarias del Socialismo del siglo XXI.

Maduro y demás dirigentes desarrollan y profundizan la estrategia popular democrática y participativa. Las comunas populares son autogestionarias. Proponen y ejecutan planes de desarrollo: construcción de viviendas, sistema de agua potable, guarderías, instalaciones deportivas, combate e incorporación de la delincuencia a planes de integración social. Estas decisiones son tomadas en las grandes asambleas populares donde participan los gobernantes.

El gobierno de calle constituye una experiencia política, participativa, organizativa y movilizativa para empoderar a los sectores populares, es decir, al pueblo en la construcción de su propio destino.

La Revolución Popular Sandinista constituyó la primera referencia de empoderamiento del pueblo. Las grandes asambleas llamadas “de cara al pueblo” fortalecían la democracia participativa y protagónica de la Revolución.

En esta segunda etapa se deben retomar estos caminos con los gabinetes de comunidad familia y vida. Las grandes asambleas populares sectoriales con el gobierno municipal en pleno para debatir y proponer las grandes opciones políticas, culturales y de desarrollo económico-social del territorio, profundizan la democracia política y popular. Para esto se debe dotar de la herramienta teórica, política e ideológica a la población, ya que a través del debate y las decisiones positivas y propositivas, el pueblo de manera general, hace suyo retos, desafíos, se apropia y empodera de su destino.

Los países de ALBA, en su mayoría marcan la pauta. Nicaragua no puede quedarse atrás por haber emprendido esta práctica política, popular, democrática y revolucionaria desde hace 34 largos años.

 

* Profesor de Educación Media, San Carlos.

carlosmcorea@yahoo.es


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