Bayardo Altamirano
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Ocurrió el 28 de agosto de 1963. Hace 50 años el evangelista negro convocó a una extraordinaria marcha de 250 mil personas y pronunció un discurso en el que expresó su sueño de igualdad social. Expresó la necesidad de mejores trabajos y salarios para los negros y de una justicia en la que no estuviera de por medio el color de la piel para definir a culpables o inocentes. Soñó que a 100 años de que Abraham Lincoln declarara la emancipación de los negros era factible alcanzar, en los hechos, esa bendita igualdad.

Sus palabras marcaron un hito en la historia de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Medio siglo ha pasado desde aquel famoso discurso que detonó una serie de cambios en la conciencia y las leyes de Estados Unidos. Los avances que en el transcurso de esos años han alcanzado en cuestiones de igualdad y justicia social, no solo los negros, sino también otras minorías raciales como los latinos, han sido sustanciales. Notable es que ahora hay un presidente negro. Cuando hay elecciones parecen tomarlos en cuenta.

Cabe reconocer la evolución que la sociedad estadounidense ha tenido en el aspecto social, pero no pueden ignorarse las desigualdades que aún prevalecen en su seno. La pobreza, los malos salarios y trabajos de baja calificación, a los que aludiera King en su discurso, no solo no han desaparecido, sino que proporcionalmente han crecido entre la población negra.

Pero si en el aspecto económico los negros están a la zaga, en lo concerniente a la justicia, la discriminación es aún más dramática y ha demostrado ser insensible a la equidad que debiera haber en su aplicación. A pesar de que solo 14 por ciento de la población es negra, en las cárceles suma más de 37 por ciento. Fueron causa de asombro e indignación los asesinatos de dos jóvenes negros, Trevor Martin en Florida y Oscar Grant en California. En ambos casos se produjo la exoneración de sus asesinos blancos por jurados integrados en su mayoría también por blancos. Aquí paz y después gloria.

Todavía es muy largo el camino que la sociedad de Estados Unidos tiene que recorrer para cumplir el hermoso sueño del eminente pastor.

Pero el asunto es peor. Cada vez hay más dudas sobre si aún existe la democracia en ese país. Voces destacadas declaran que tal cosa es nula y vacía. Pompas de jabón. Noam Chomsky lo viene diciendo desde hace tiempo. Gore Vidal ha concluido que el estadunidense es un sistema de un solo partido, con dos alas derechas. Algunos afirman que la creciente desigualdad económica, la concentración de riqueza, efectivamente, anulan la democracia. Otros advierten que esto ya es una plutocracia y que tiene elementos de un Estado dictatorial totalitario.

Un comentarista del New York Times, concluye que con el juicio y condena de Bradley Manning y la persecución contra Edward Snowden, amenazado de quedarse en el exilio el resto de su vida, la ficción de juego democrático ya se acabó en ese país. Desgraciadamente todo indica que tiene razón.

La cúpula política yanqui no se cansa de repetir que todo lo que hace tanto en el terreno de seguridad nacional como en sus políticas económicas y sociales es en nombre de la defensa de la democracia y la libertad y del sueño americano aquí, allá y en el mundo. Pero no se puede defender la democracia espiando en secreto, actuando como si el pueblo y los defensores de las libertades civiles y los disidentes blancos y negros, fueran el enemigo.

 

* Docente universitario.

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