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Una entrevista con Vivian Lavin en Radio Universidad de Chile inició el programa de mi reciente visita al país austral, organizado por la Embajada de Nicaragua en la patria de Gabriela Mistral y Pablo Neruda. En realidad, la visita se remontaba al año pasado cuando nuestra embajadora, María Luisa Robleto, gestionó la Ruta Azul de Valparaíso y la Exposición documental e iconográfica del 125 aniversario de la publicación de Azul… en el Museo Marítimo Nacional de la Armada de Chile, además de una edición crítica en la Universidad de Valparaíso.

La experiencia fue intensa, pero fructífera y consistió en una campaña rubendariana, mientras se desarrollaba la electoral que este 17 de noviembre culminará en su primera vuelta. Michele Bachelet se percibe como la próxima mandataria del país. Pero en estas líneas —ajenas a la política— me limito a destacar el culto a Rubén Darío que todavía se le profesa en la que fuera su segunda patria. Allí el Rubén veinteañero macizó su carácter y aprendió a vivir de su pluma; allí —escribió— “soy ya un gallo. Así hablamos los chilenos…” y también: “He padecido harto y he enfermado mucho”.

Por mi parte, localicé en la antología Pensando en América, de Gabriela Mistral, una cita significativa de agosto, 1945: “Yo soy fiel a Rubén Darío, más como lectora que como discípula. Creo que no ha sido superado dentro de la poesía española de todos los tiempos”. A Pedro Pablo Zegers debo un ejemplar de esa compilación durante la grata visita que hice al Archivo del Escritor en la Biblioteca Nacional, acompañado de mi amigo el gran latinoamericanista Eduardo Devés, editor de la obra Pensando (en 2000) Nicaragua.

Con mi embajadora visité la exposición rubendariana en Valparaíso que tuvo en el vicealmirante Kennet Pugh un entusiasta gestor; y la Fundación Pablo Neruda en La Chascona, de Santiago, editora de la antología de poesía joven Chile-Nicaragua, elaborada por Ritomar Guillén y Jaime Quezada, la cual fue un subproducto del viaje de este a Nicaragua en 2012.

También conocí —en compañía de María Luisa y del nicaragüense consorte Carlos Clemente— la pequeña ciudad de La Ligua, cuyos alumnos obtuvieron la mayoría de los premios del certamen poético realizado igualmente en 2012. Un acto muy emotivo, en que se recitó “A Margarita Debayle”, nos tenía preparado —entre otras sorpresas— el dinámico y solidario alcalde Rodrigo Sánchez, quien nos condujo a Villa Hermosa, a la fábrica de tejidos y artesanías de Valentina Castro y Rubén Darío Vergara Zamora, padres de Rubén Darío Vergara Castro. Soberbios ponchos chilenos regaló, a la embajadora y a mí, Valentina.

En cuanto a los dos actos principales —la presentación de la edición crítica de Azul… tanto en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en Valparaíso como en el Centro Cultural Estación Mapocho de Santiago— resultaron exitosos. Tal vez haya contribuido a ello el artículo y la entrevista —vía correo electrónico— que Patricio Tapia me hizo en El Mercurio del domingo 3. Pero en ambas las salas respectivas se colmaron de selecto público interesado y de pasión rubendariana. Si en Valparaíso tuve a mi izquierda al notable poeta Raúl Zurita, en la de Santiago y a mi derecha a otro poeta chileno, mucho más joven: Juan Cristóbal Romero. Y en ambas moderó el editor de Azul… Ernesto Pfeiffer.

A otros dos actos complementarios asistí durante esa imparable jornada: al recital de poetas jóvenes latinoamericanos (donde participó el nicaragüense Jimmy Javier Obando) y a la presentación de la segunda edición del pequeño libro de Jaime Quezada: Solentiname / Un viaje por Nicaragua; en ella brilló de nuevo la presencia de Vivian Lavin.

Agradezco a María Luisa Robleto —con 28 años de experiencia chilena— y a su equipo —integrado fundamentalmente por Silvia Serra y Alcides Canales— por sus atenciones y, sobre todo, la felicito por continuar poniendo en alto el nombre de Nicaragua en Chile.

 

* Escritor e historiador.

 

 

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