29 de noviembre de 2013 | 00:00:00


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Educación convencional, cambio de paradigma

Carlos R. Flores | Opinión



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La pregunta central del estudiante de secundaria es –si acaso tiene una vocación o conciencia de la responsabilidad de su propio desarrollo– ¿qué carrera voy a estudiar? El cuestionamiento no es sencillo, primero que todo, por la dificultad que entraña pensar en forma verdaderamente autónoma a esa edad. Es necesario hacer algunos apuntes para lo que acaso pudiera ser útil, como referencias de lo que está aconteciendo en nuestra propia realidad y vincularlo con las tendencias globales.

Si el estudiante tuviese, en ese momento crucial, el conocimiento y dominio de las herramientas de análisis de proyectos, para descontar y evaluar flujos de efectivo para medir su verdadera rentabilidad (TIR) y Valor Actual Neto (VAN), así como la conciencia del costo de oportunidad económico; es posible que la piense varias veces antes de ingresar a una carrera formal, y más grave aún, en forma presencial en una universidad local.

La “línea de ensamblaje” de profesionales egresados de universidades –en las cuales se carece totalmente de investigación relevante–, hace que sea un espejismo conseguir a través de un título de valor muy relativo –por no decir cuestionable– la inserción en un mercado que no requiere más de las habilidades y competencias tradicionales, en que el producto resultante de las llamadas universidades dista mucho de lo requerido en una economía arrastrada por la globalización, tendiendo mucho más a los servicios y a la especialización en habilidades tecnológicas, y no seguirse enfocando en la producción de mano de obra barata.

La formación universitaria en Nicaragua requiere fundamentalmente formar personas con capacidades emprendedoras, quiero decir: ejecución, convertir ideas en negocios productivos reales. El paradigma a nivel mundial está cambiando aceleradamente, con una orientación al desarrollo de negocios, “emprendedurismo”, y no más en el modelo de aportación de mano de obra cuestionablemente calificada, sin posibilidad de articulación socio-económica real.

El concepto tradicional –o más bien, “aspiracional”– del médico, el abogado, el administrador, son formaciones ilusorias, ahora generalmente sin futuro. La inveterada ilusión de los padres de familia de ver a un hijo-a graduado y “encorbatado”, con el correspondiente traje y el deferencial título de “doctor”, está quedando tan obsoleto como eso que le llamábamos fax.

La formación técnica vocacional y la educación universitaria selectiva, - materias de escogencia personal sin compromiso de carrera específica-, es la vía más indicada para un país como Nicaragua, que requiere reconvertirse primero culturalmente para entender que esas profesiones de antaño dejaron de ser viables.

Proyectos Productivos, Desarrollo de Pensamiento Crítico, Comunicación, Colaboración, Pensamiento Creativo, Técnicas de Resolución de Problemas, todas virtuales, deben ser ejes de formación para aquellos autodidactas e independientes que quieran romper el círculo vicioso de venta de mano de obra sin futuro.

El gradual posicionamiento de nuestro país, principalmente, como un destino turístico, sin una marca país aún significativa, -pero con una economía de servicios en crecimiento- trae oportunidades verdaderas en esas áreas específicas.

La especialización en redes sociales, apenas incipientes en la gestión comercial y servicio al cliente, serán absolutamente imprescindibles en cortísimo tiempo. La gestión de ventas e interacción basada en estas plataformas, demandan ya especialistas, verdaderos emprendedores o intra-emprendedores dentro de las organizaciones.

Afortunadamente, esos talentos están conformados técnicamente por adolescentes, quienes al decidir ingresar a una universidad tradicional sin una reflexión exhaustiva, más bien retrasarían su extraordinaria formación de competencias potenciales autodidactas y selectivas, que pueden lograr fuera de ese ambiente arcaico de aprendizaje.

Los cursos que ofrecen las universidades locales son, técnicamente, un juego de párvulos, comparados con las materias ofrecidas en plataformas gratuitas, tales como coursera.org, con 6 millones de educandos globales, entre otras universidades competitivas del mundo, creciendo a diario en forma exponencial. La gestión de la educación virtual gratuita, personal y empresarial, será verdaderamente una oportunidad para que cada quien, y cada empresa, pueda enfocarse en sus áreas competitivas.

¿Vale la pena entonces una educación tradicional? Averígualo hoy en línea.

 

noalosaccidentes@gmail.com


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