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El gabinete de Gobierno del primer ministro japonés Shinzo Abe acaba de hacer un cambio muy importante a su política de defensa nacional.

Esta reforma establece que ahora el Ejército japonés puede acudir en auxilio de otro país cuando su seguridad se viera comprometida. Ello significa que ya Japón puede ser parte de acciones de Defensa Colectiva.

En la guerra de Kuwait, Japón envió soldados no-combatientes a esa nación del Golfo Pérsico. Ese fue un primer paso.

La nueva política parece incompatible, pues existe un enunciado constitucional que prohíbe, desde 1945, que Tokio envíe soldados allende sus fronteras.

Japón ya puede aliarse con otros Estados para hacer la guerra sin restricción alguna. En términos de seguridad: hay razones en Asia para asumir que los vecinos grandes o pequeños deban cuidarse por el crecimiento militar de China o las amenazas rusas. Otros argüirán que hay que cuidarse del sionismo o del poderío nuclear coreano, o por los millones de soldados y armas de la India.

Algunas estadísticas nos dicen que Japón ha actuado como correspondería: de los 10 ejércitos más grandes del mundo 9 están en Asia: y 4 de ellos, los de Rusia, China (el más grande del globo con 2.3 millones de soldados), y los de las dos Coreas, circundan al Japón. Además, todos ellos tienen armas nucleares. Y hay otros países asiáticos que también las tienen: India, Paquistán, Israel e Irán.

El Ejército japonés tiene 247,450 soldados. Es nueve veces menor que el de China Continental.

Esta decisión nipona rompe un poco lo establecido por los Estados Unidos, luego de la capitulación del Japón en 1945. Desde entonces, Japón ha estado dependiendo de la ayuda militar de Washington para salvaguardar su defensa y seguridad nacionales. Ambas naciones firmaron entonces un tratado de seguridad mutua que le permitía a Estados Unidos tutelar sus derechos para defenderla, si se daba un ataque o amenaza a la seguridad del archipiélago japonés.

Obviamente, hay varios factores que han espoleado estas medidas tomadas por Tokio: 1) el crecimiento descomunal chino, que además mantiene una disputa con Tokio por los islotes de Senkaku en el mar que separa a ambas naciones; 2) las constantes amenazas de Pyongyang, que con sus ensayos nucleares, en cualquier momento pueden poner al borde de la guerra a la gran nación nipona; 3) las acciones militares rusas, particularmente lo que está sucediendo en Crimea, han puesto en guardia al Gobierno de Tokio; sumado a esto la disputa que Moscú mantiene con los japoneses sobre las islas de Kuri del Sur; 4) y no menos peligroso es el hecho de que con Corea del Sur tiene una disputa por los islotes de Lian Court. Además, que es otro tigre asiático agigantándose en términos económicos, tecnológicos y militares. Pero Seúl está más presionado por Pyongyang que por otras cosas.

Todas estas acciones anteriores han causado un desbalance de poder que el Gobierno de Tokio desea ajustar.

Por otra parte, siempre existirá la duda acerca de si Estados Unidos le ayudaría efectivamente a los japoneses, si fueren atacados o intervenidos. Sumado a un hecho muy elocuente: la política del presidente Obama favorece más la diplomacia y aplicar la presión internacional junto a sus aliados, que enviar tropas intervencionistas. Él, más bien ha retirado a sus soldados de Afganistán y de Iraq. Y está muy inclinado a recurrir a fuerzas de tarea o bien a asesores militares, que involucrarse de lleno en grandes operaciones bélicas.

Volviendo al Japón, nos enteramos de que ya el olor a tanques proveniente de movimientos chinos o rusos, bien justifica cualquier medida de los países del Este para adoptar políticas rígidas de defensa y de seguridad en cada nación.

Por otro lado, India debe estar pensando que todos sus vecinos están cayendo en una espiral de armamentismo desenfrenado que libera tensiones entre sus ellos, porque mientras unos tomarán las medidas japonesas, como defensivas o estratégicas, otros las tomarán como intimidantes.

Japón hace lo que debe en un mundo muy amenazador. ¿O lo hace así para proyectar que su respetabilidad tiene expresiones diversas, pero coherentes?

Estas medidas crean más tensión en un continente que ya es el epicentro económico, político, tecnológico y militar del planeta. ¿Cómo podremos saber cuál sería la comprometida reacción de Washington si Japón no pudiere militarmente defenderse solo contra cualquier agresión de país alguno?

Japón es un monstruo: la primera potencia tecnológica del orbe, la tercera mayor economía. Eso dice mucho. Y cuando los monstruos se agitan, hasta el aire parece intimidado.

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