13 de noviembre de 2008 | 21:11:00

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Cultura de paz y convivencia democrática: Una educación transformadora

Rafael Lucio Gil* | Opinión



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Si es cierto que el mundo global reclama una cultura de tolerancia, aún lo es más que Nicaragua urge de una educación cuyo eje transversal fundamental sea la cultura de paz y la convivencia democrática. El nuevo currículum, como respuesta a la Gran Consulta realizada por el Mined a las organizaciones sociales, ha incorporado este eje transversal, con la intención que sus objetivos permeen todos los contenidos curriculares, métodos de enseñanza y formas de organización y gestión de los núcleos educativos.

El proceso electoral reciente facilita poner de relieve la ausencia total de esta cultura de paz y convivencia ciudadana, lo que se ha expresado en las calles, de forma más explícita en la actuación de grupos de jóvenes, cuando han hecho de las bombas, las pedradas y las llantas el argumento de fuerza para avasallar a los de pensamiento político contrario. Por momentos pareciera que Nicaragua diera la razón a los postulados, ya anacrónicos, del filósofo inglés Hobbes, cuando afirmaba que el hombre es un lobo para el hombre o las tesis darvinianas de que la especie más fuerte es la que debe sobrevivir.

Hay personas en nuestro medio que abogan por destituir la cultura de paz y la convivencia democrática como formas de resolver conflictos, poniendo toda su confianza en que la razón de la fuerza subyugue a la fuerza de la razón, y no viceversa.

Por este camino sólo nos queda sumarnos a la ley del más fuerte, al de más poder, más medios, más capacidad de manipulación y de engaño. La convivencia democrática, para estas personas, consiste en que los demás se sumen, a la fuerza, a su visión de la democracia centrada en sus propios intereses, no en los de la mayoría. Por tanto, actúan venciendo pero no convenciendo.

En este sentido, la educación formal y no formal poco terreno han ganado hasta ahora. Los partidos políticos tampoco educan a sus miembros en esta temática. De la capacidad que el país tenga para gestionar sus diferencias desde una perspectiva de unidad en la diversidad, dependerá que Nicaragua logre avanzar en su lucha contra la pobreza y la construcción del desarrollo humano. Lo contrario significará negarnos como país, fracturarnos en pedazos.

La formación en convivencia democrática, fraterna y justa, y en cultura de paz, supone desarrollar aprendizajes de nuevo tipo en el núcleo educativo, por lo que es necesario:

T Crear instancias de reflexión crítica sobre sí mismo y con los demás, donde los alumnos se hacen responsables de sí mismos y de su interdependencia social.

T Desarrollar aprendizajes en diálogo con los demás, dentro de una red de relaciones y de un contexto de significaciones que los educadores proporcionan.

T Involucrar aprendizajes que comprendan razonamiento ético, emociones y acción, desarrollando competencias que integren las dimensiones cognitiva, ética y procedimental.

T Logrando aprendizajes socializadores y promotores de la individuación del sujeto. Afianzar el “aprender a ser” y el “aprender a tolerar y convivir” del Informe Delors de Unesco.

T Lograr el desarrollo socioafectivo en la escuela, pues en tanto el alumno logre satisfacer esta necesidad, podrá también hacerlo en la vida cotidiana con menos ansiedad y precariedad. Lo que hasta ahora es visto por separado (lo cognitivo de lo afectivo), es preciso verlo como interdependiente, en un solo proceso dinámico.

T Desarrollar los vínculos primarios--el apego-- en tanto juega un rol determinante en el desarrollo de la personalidad, al hacer que la persona se siente “vinculada” a otras. Tomar en cuenta que en la familia se crean las primeras relaciones y vinculaciones, con alta incidencia en el desarrollo y calidad de lazos afectivos a lo largo de la vida.

T La formación del autoconcepto como competencia psicológica y social, que permite conocerse y reconocerse como individuo singular, cuyo primer paso es la toma de conciencia de que somos distintos del entorno y estamos separados de los otros. Se trata de la imagen que cada uno configura sobre sí mismo. Existe una clara relación entre la adquisición de la conciencia del sí mismo, el desarrollo del autoconcepto y el desarrollo social y emocional, en tanto procesos que van progresando y modificándose a lo largo de la vida.

T Desarrollar la autoestima, como parte evaluativa del autoconcepto y sus componentes. Comprende valoraciones o juicios que hace acerca de cómo es al comparar lo que es con lo que querría ser, o lo que le parece deseable. Mientras más se acerque el yo real al yo ideal, la valoración del autoconcepto es alta y la autoestima es positiva.

Lograr lo anterior requiere que la escuela cambie radicalmente su estructura actual de relaciones, implementando acciones como éstas: que los errores sean interpretados como parte del aprendizaje; el profesor tenga expectativas de éxito en relación con los niños; las materias sean sentidas como relevantes por los alumnos; exista una atmósfera de aceptación, el profesor esté interesado en los alumnos y comprometido con su proceso; se pongan pocas reglas y sean democráticamente decididas; los alumnos se respeten entre sí, el profesor respete las ideas diferentes; haga reconocimiento explícito de los logros y haya espacio para la creatividad; se dé lugar para expresar emociones positivas; las críticas sean poco frecuentes y hechas en privado; se respeten las diferencias individuales; se creen expectativas de éxito disponiendo un ambiente donde los errores y problemas sean vistos como fuente de información u oportunidades para el desarrollo; minimizar el riesgo de fracaso diseñando metas de aprendizaje, de modo que no excedan a las capacidades de aprendizaje de los alumnos; favorecer la comunicación verbal y gestual que invite a que tengan sentimientos positivos y expectativas favorables, evitando por consiguiente mensajes negativos que induzcan al estudiante a sentirse no valioso, incompetente e irresponsable; realizar actividades en condiciones de seguridad y protección, establecer relaciones de cercanía y apoyo (el apego), favorecer ambientes lúdicos, con sentido del humor y fomento de la autonomía.

Transformar las relaciones sociales conflictivas en el país pasa, necesariamente, por crear escenarios educativos auténticos en los que niños, niñas y jóvenes pongan en acción la cultura de paz y convivencia democrática.


*Ideuca.

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