2 de diciembre de 2008 | 20:32:00

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El pensamiento político y económico de Sandino

Carlos Castro Jo* | Opinión



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A Sandino se le considera uno de los pilares de la identidad nicaragüense. Es un lugar bien merecido por su lucha contra la intervención norteamericana. Pero como dijo Carlos Fonseca, Sandino era más que eso. Cuando uno lee El pensamiento vivo de Sandino y los libros que sobre él se han escrito, uno llega a la conclusión de que Sandino quería establecer en Nicaragua un gobierno democrático, honesto, regido por el Estado de derecho, progresista: un gobierno que sin dejar de estar a favor de los pobres se apegara a los postulados de la democracia y la ley.

Sandino en realidad era un liberal de los de verdad, de los que creían en los ideales de la Ilustración. Él luchó contra la intervención norteamericana porque quería construir un gobierno verdaderamente democrático, y eso no se podía ni se puede hacer en un país ocupado. La democracia es el poder del pueblo, y en un país ocupado, el poder no reside en el pueblo, sino que en el ocupante. Él lo dijo de esta manera: “El pueblo es soberano y debe respetársele el derecho de elegir sus gobernantes; y por esto luchará (el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional) sin descanso para hacer efectivo este derecho, hoy pisoteado por los conquistadores”. Como se puede ver, él estaba luchando para que en Nicaragua hubiera elecciones libres. Y lo hizo porque Sandino no estaba de acuerdo con el autoritarismo.

Cuando Moncada firmó el pacto de El Espino Negro, Sandino se quejó de su actitud, diciendo que a “Moncada le importó poco la opinión del Ejército”. Sandino estaba en desacuerdo con ese pacto, en parte, porque dejaba a Adolfo Díaz en control de todos los Poderes del Estado. Como dijo él, la paz y la tranquilidad no se garantizaban teniendo a una sola persona, a Díaz, “con una mayoría elegida por él mismo en el Congreso, Senado y Corte Suprema”. Ésta es la actitud que se puede esperar de un demócrata.

Sandino también quería un gobierno donde se respetara la ley. El gobierno democrático presupone la aceptación de la Constitución. Sandino dijo que él estaba luchando por la Justicia y el Derecho, y los escribió así, con mayúsculas, en una carta que le escribió a Augusto Etore el 3 de marzo de 1930. Sandino mostró su apego a la ley cuando argumentó que el problema de la Guardia Nacional es que ésta era inconstitucional, como lo dijo en el documento titulado “Nicaragua tímida”. El convenio de paz que propuso para deponer las armas incluía, entre otras condiciones, el respeto a la Constitución y a las leyes fundamentales de la República.

Sandino también quería un gobierno de hombres honestos. Sandino dijo en el Manifiesto de San Albino: “El hombre que de su patria no exige ni un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no tan solamente ser oído, sino también merece ser creído”.

Lo primero que Sandino vio en Moncada es al político tradicional nicaragüense que controla el gobierno para enriquecerse, en vez de usarlo para servir al pueblo. Moncada mismo le dijo a Sandino que “el pueblo no agradece… el deber de todo ser humano es gozar y vivir bien”, lo que era una ética tan alejada a la de Sandino, que ni siquiera se propuso para presidente después de que firmó los convenios de paz, sino que propuso al General Horacio Portocarrero, porque su lucha, como lo dijo él, no era caudillesca.

Sandino no estaba interesado en el poder, ni en maximizar su propio bienestar, ni en prosperar por medio de las rentas del Estado. Por eso les pedía honestidad a sus soldados. Cuando el coronel Guadalupe Rivera le pidió algunas cosas (Sandino no dijo qué eran), Sandino le dijo en carta fechada el 13 de diciembre de 1927: “Los bienes de la Nación deben ser sagrados, y deben respetarse, porque el ser partidario no amerita ningún derecho para medrar al amparo de la causa que se invoca”.

Para lograr sus objetivos, Sandino se unió a los elementos más honestos y progresistas de su época, no a los más reaccionarios. Se unió a los intelectuales, los estudiantes, los campesinos y los obreros. A él lo apoyaban profesionales como Escolástico Lara, intelectuales como Gustavo Alemán Bolaños, Pedro José Zepeda y Salomón de la Selva; y también intelectuales internacionales como Froilán Turcios, Gabriela Mistral y Henri Barbusse.

Su política no era partidista a expensas de los intereses de la nación, sino que era por Nicaragua, para hacerla próspera. Sandino no estaba interesado en pelear por pelear. Una vez que la intervención terminó, él se vino a Managua a buscar la paz, a construir el país, a unir a los nicaragüenses porque, como él mismo dijo, la intervención estaba “detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año, porque se imaginaron que continuaríamos la guerra entre nosotros mismos”. Siguiendo sus principios de poner a la nación primero, le dio su respaldo a grupos de “todos los colores políticos” como el Grupo Patriótico.

Su plan de gobierno, como lo enfatizó Carlos Fonseca, favorecía a las clases populares, no a la oligarquía nicaragüense, pero no necesariamente como la define Orlando Núñez, quien la usa para atacar a sus oponentes políticos y justificar el pacto de Ortega y Alemán. Por el contrario, Sandino estaba muy interesado en la honestidad, viniera de donde viniera. Por ejemplo, él le dijo al periodista Nicolás Arrieta que respetaba a Pedro Joaquín Chamorro porque era un hombre honrado, una cualidad muy importante para él, y detestaba a los politicastros (eso incluiría ahora a los activistas políticos) que sólo pensaban en la repartidera.

Pero obviamente su política económica, o el esbozo que hizo de ella, es de corte popular. Cuando Sandino habló con el periodista Ramón de Belausteguigoitia, le habló de un sistema de cooperativas que pensaba implementar en el Río Coco. También le dijo que estaba a favor de que la tierra le perteneciera al Estado, no tan diferente a la situación de Israel, donde el Estado es el dueño de casi el 80% de la tierra. Sandino también habló favorablemente de las ideas de Gandhi, y se declaró comunista racionalista (posiblemente quería decir que no era ortodoxo, sino liberal). Pero él no estaba en contra de la propiedad privada, ni de la inversión extranjera, si cumplían con la ley, como se lo dijo a Belausteguigoitia.

Estas ideas demuestran con claridad la filosofía política y económica de Sandino. En la hora actual, los nicaragüenses haríamos bien en volver a Sandino, porque hay mucho que se puede aprender de él.

*El autor es sociólogo y poeta costeño. Es profesor de sociología en el Clark College, en Vancouver, Washington, EU.

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