Editorial
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Al margen de cuan irregular pueda ser la época lluviosa en Nicaragua este año, un factor clave en la producción agropecuaria son las nuevas prácticas para cultivar y alimentar ganado en condiciones climáticas adversas. Los cambios en la cultura agrícola son cada vez más determinantes.

Por los temores y clamores expresados por algunos gremios agropecuarios, podemos llegar a pensar que el problema de tener períodos de lluvias escasas es algo reciente en Nicaragua. Pero no es así. Una de las sequías severas ocurrió entre 1972 y 1973, hace cuatro décadas, y algunas instituciones especializadas sostienen que el fenómeno de El Niño ha afectado el territorio nicaragüense desde la década de 1950, de manera menos frecuente por supuesto.

Es evidente que los contrastes climáticos se han agudizado, pero las pérdidas o la caída de la productividad en algunos cultivos agrícolas o zonas tienen varias causas, no solo el fenómeno El Niño. Están, por ejemplo, la degradación de las tierras por las quemas, el mal uso y la deforestación.

Nos preguntamos por qué con tantos años de sortear el problema de inviernos irregulares ocasionales, muchos productores nicaragüenses insisten en prácticas dañinas como quemar las parcelas antes de sembrar, botar árboles y extender potreros para que el ganado paste, cuando podrían recurrir a otros métodos de alimentación de los vacunos muy recomendados ahora.

Si lo que inquieta a los agricultores en cada ciclo es la posibilidad de que llueva menos de lo normal, lo ideal es prepararse para eso de manera permanente, buscando cómo revertir los efectos en todo momento, reteniendo más agua en los suelos de las fincas, diversificando los cultivos, invirtiendo en sistemas de riego o usando semillas más resistentes, por ejemplo.

Sobran los consejos de los especialistas acerca de cómo cuidar las fuentes de agua, cosechar agua, conservar mejor las tierras o alternar cultivos. En algunas regiones de Nicaragua hay modelos de métodos y tecnologías agropecuarias con buenos resultados, aunque estos suelen abarcar a poblaciones específicas de proyectos financiados por la cooperación externa, como es el caso de una cooperativa de Masatepe productora de semilla de frijol resistente a la escasez de lluvia.

Habría que hacer una campaña permanente a favor de la siembra segura, a nivel nacional, para compartir las mejores experiencias e inducir una nueva cultura agropecuaria que a la vez sea una forma de conseguir la seguridad alimentaria de todos los nicaragüenses. En los municipios aledaños a lagos, lagunas y ríos, además de reforestar de manera intensa, habrá que hacer proyectos de riego con financiamiento nacional o externo.

No puede ser que las condiciones climáticas hayan cambiado de manera adversa y que muchos agricultores sigan haciendo sus labores de la misma manera que hace décadas, como si el invierno siguiera comportándose con la benevolencia de antaño. Tampoco se pueden desperdiciar o dejar morir tantos recursos hídricos, en un país bendecido por la naturaleza.

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