Jorge Isaac Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Caminando y observando descubrimos lo obvio; una de las primeras lecciones en manejo es tener presente los puntos ciegos del conductor; áreas donde nuestro arco de visión y los retrovisores no alcanzan a cubrir. En el caso de los ojos es donde se encuentra descubierto de células sensibles a la luz. Con esta advertencia, nos ayudan a prevenir tantos daños personales y mecánicos con impredecibles costos. Cuando olvidamos esto, se va por cauces de consecuencias impredecibles y negativas. ¿Pero es solo al conducir y en el ojo que existen los puntos ciegos? Al menos aquí alguien nos advierte las cosas.

Más no es de ello que les vengo a decir algo, pero de esto se está partiendo, una necesaria comparación para acceder a algo más terrible. Dar una idea e ir al imaginario por las analogías. No se crea que lo obvio se reconoce siempre, a veces funciona para ocultar lo que es urgente ver, observar para actuar; son LOS INDIGENTES. Pues trastocan la vida misma, un cáncer del tejido social y de nuestra humanidad en la sociedad. Con lo que se quiere decir que también las culturas asumen puntos ciegos, y esa cultura la hemos aprendido, integrando puntos ciegos, lo normalizamos, conviviendo y dejando de reparar en su existencia.

Visto de otra manera; nuestro cerebro está programado para aprender, significa que inevitablemente se aprende; no es posible negarnos al aprendizaje. El dilema es únicamente aprender sí o sí. Otro es el problema si lo que aprendemos es lo adecuado o no; si se aprende 8 más 8 es 20, se aprenderá, pero lo estamos aprendiendo mal. Y si aprendemos que debemos golpear para entendernos, igual, se aprende pero muy mal. Pero se ha aprendido. Es por tanto aprender, pero aprender bien.

Nuestro punto ciego en la sociedad, en el aprender y transmitir, son ya área ciega por su gravedad; por la ausencia de EMPATÍA para con otras personas. Sin olvidar que existen quienes dirigen ese aprendizaje desde nuestros padres, profesores, escuelas, televisión, etc. Algo cargado de falta de empatía. Cuando no se nos enseña a conectarnos con lo que sienten los otros. Asumiendo que aprendizaje es: preparar para recibir datos, para su búsqueda, para información y análisis de información y contexto, pero no de notar a LOS OTROS. Que se traduce en la falta de un entrenamiento emocional, y ello es en última instancia algo que atenta y conspira contra nuestro prójimo y nosotros mismos. Empatía es ubicarnos en el lugar y sentimiento de los otros. Y uno de los primeros pasos para ello, es el aprender a escuchar en silencio al otro (que difícil hoy en día), al más cercano. Y si escuchamos en ese mínimo, lo podremos extender de manera constructiva e inclusiva.

El indigente, mendigo de la calle,  es esa visión no vista de la huella social de la indiferencia, punto ciego social, extendido por aprendizaje. Empatía preguntándonos; ¿Tienen ropa? ¿Techo? ¿Agua? ¿Hogar? ¿Cama? ¿Comida? ¿De dónde comen? ¿Tienen dónde ir o quedarse? ¿Tienen patrimonio? Retarnos a quedarnos cerca de un indigente, sin que se dé cuenta, por diez minutos, ya verás lo que se siente.

Nuestro punto ciego tiene rostro de olvido y abandono. Tiene el silencio de no dirigir una palabra amable a estas personas, un silencio asfixiante. Somos lo que hacemos; que poco cuesta dar un poco.

Estos habitantes de la calle, viven en la calle. En soledad, y es precisamente la soledad y el abandono de un ser humano lo que con el tiempo puede derivar en comportamiento demencial, como a veces encontramos personas caminando  entre vehículos, sin reparar a los lados. Culpa e hijas de nuestra inobservancia como gobierno y sociedad, estamos todos. 

Para Eduardo Galeano, son parte de los “nadie”. No sé si la frase correcta es que ocupan la ciudad, o si la ciudad no se ocupa de ellos. Vagando absolutamente fuera de esta realidad; para evadir su extrema pobreza.

Ellos quieren amor de Dios, pero también quieren un plato de comida, y ese lo podemos dar nosotros. 

Madre Teresa de Calcuta decía: “Haz cosas pequeñas con gran amor”, porque “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Eso es solidaridad en acción.

Conducimos en la vida con áreas ciegas, tal y cual fuésemos vehículos sobre autopista, matando al prójimo con el abandono. Construimos una educación sin empatía. Corrijamos en nosotros este doloroso error.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus