Eddy Zepeda
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Conmoción, confusión, inseguridad, tristeza, entre otros sentimientos de frustración, es lo que ha creado el caso del asesinato de una familia de parte de un miembro de la misma. Se repitió otro caso más recientemente, cuando un anciano asesinó a su compañera de vida, otra anciana. ¿Qué pasa en nuestra sociedad, y en el mundo entero, donde se reproducen similares casos?

Estamos ante las consecuencias o secuelas de causas que pueden ser previsibles, prevenibles y evitables, de establecerse una estrategia de Salud Pública responsable, orientada desde las estructuras superiores (OMS/OPS) y de cumplimiento por cada uno de los Ministerios de Salud de los países.

Recientemente fue impartido por el Instituto de Neurología Cognitiva de Argentina  un curso denominado Irritabilidad, Agresividad y Conducta Desafiante: las distintas caras de la Conducta Disruptiva Infantil, donde es posible identificar desde la infancia temprana algunos síntomas que definen la posible evolución o Continuum de un niño, de no ser atendido de manera adecuada por un equipo multidisciplinario, incluyendo a su familia.

Tempranamente presentan cuadros de ira, malhumor, berrinches, que avanzan a la etapa adolescente y de juventud a cuadros oposicionistas, depresivos y desregulación emocional, terminando en su fase adulta con cuadros clínicos de bipolaridad, trastornos de ansiedad generalizada, estrés postraumático y conductas propiamente antisociales, como el caso del joven y sus acompañantes implicados.

Es evidente que estas personas no toleran niveles de frustración o los amplifican, volviendo crónica la irritabilidad hasta llegar a verdadero descontrol de su conducta. Es sabido que existen alteraciones a nivel de estructuras cerebrales, que pueden demostrarse con técnicas avanzadas de imagen radiológicas, jugando papel importante también el contexto sociocultural y económico en que se desarrollan.

Es importante conocer también sus antecedentes familiares en cuanto a salud mental. Hijos de padres bipolares o con otras alteraciones similares son sensibles a cambios o deterioros de personalidad y conducta. El rechazo familiar y social incide en la detonación de este tipo de conductas, de no abordarse adecuadamente.

Se estima entre 0.8 a 3.3% la prevalencia de este tipo de alteraciones en la población infanto juvenil, por lo que debe ser tomada en consideración a la hora de planificar los planes y programas de las instituciones sociales (Minsa, Mined, IND, etc.).

La salud mental es tan importante como la física y sensorial, cuando de desarrollo de nación se habla.

Debemos considerar entonces la irritabilidad de los infantes, episódica o crónica,  como marcadores de gravedad para desarrollar futuras conductas disruptivas en su etapa juvenil y adulta. Podría definirse, a partir de una adecuada evaluación neuropsicológica, un perfil del futuro sociópata que pueda poner en riesgo  su núcleo familiar y comunitario cercano, llevando dicho riesgo o daño hasta niveles superiores (nación). La composición de estructuras de decisión importante en las instituciones públicas y privadas tiene entre sus miembros a personas con características similares. Urge buscar mecanismos de control y seguimiento a esta problemática.

La educación formal e informal juega un rol preponderante para controlar inminentes desajustes desde los niveles primarios (familia/comunidad) hasta los institucionales (estructura superior). Debe REGULARSE con RESPONSABILIDAD y de manera ENÉRGICA todo lo que se use para generar actitudes, conductas y comportamientos por cualquier medio. Al Estado corresponde constitucionalmente esa tarea, pero las instituciones privadas, religiosas, comunitarias y de cualquier otra índole también deben contribuir. Todos debemos y podemos hacerlo.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus