Paula Villaseñor
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En años recientes, las Habilidades Socio Emocionales (HSE) se han convertido en un verdadero tema de interés para el sector educativo: desde capacidades que son imprescindibles para el mercado laboral, hasta actitudes que blindan contra el desarrollo de conductas de riesgo. Lo cierto es que a dichas habilidades se les han encontrado más beneficios que al propio nopal.

La gran pregunta para todo sistema educativo y, por ende, para todo país, es si realmente conviene –y cuándo y cómo– invertir en ellas, sobre todo en un contexto de reforma educativa como el que viven actualmente varios países de América Latina. Las HSE son aquellas herramientas de vida que, según Aprendizaje Académico, Social y Emocional (CASEL–por sus siglas en inglés), nos permiten identificar y regular nuestras emociones, entender las de los demás, mostrar empatía, desarrollar y mantener relaciones positivas, establecer metas positivas y tomar decisiones responsables.

Considerando que cualquier proceso de aprendizaje, interacción social e incluso producción, se ve influenciado por el manejo de emociones, una comunicación asertiva o la capacidad para resolver conflictos, estas habilidades pueden hacer una gran diferencia para el porvenir personal, académico y laboral de niños y jóvenes y, cómo no, la productividad y el desarrollo de un país. En particular, para la población adolescente, las HSE contribuyen a prevenir conductas de riesgo tales como adicciones, violencia o embarazo temprano.

Por ello, es tan necesario e importante que los sistemas educativos las incorporen en sus métodos de enseñanza y las promuevan, no solo desde una edad temprana, sino incluso durante la adolescencia, sobre todo cuando hay una exposición elevada a factores sociales de riesgo. En el caso de México, por ejemplo, la evidencia muestra que algunas de las competencias que el mercado laboral considera más importantes y escasas son el trabajo en equipo, la comunicación y el liderazgo. Pero, si bien las HSE son cada vez más atractivas para el ámbito laboral, lo cierto es que no solo son complementarias sino también una condición necesaria para el desarrollo cognitivo y personal, tal como lo muestra la evidencia internacional.

Sin duda, una estrategia para promover el desarrollo de las HSE en la escuela es modificar y energizar el marco curricular. Sin embargo, este proceso suele tomar tiempo. Otra posibilidad es fortalecer las capacidades de la escuela para desarrollar estas habilidades en los estudiantes o, en otras palabras, comenzar por trabajar directamente con docentes, e incluso directores de plantel, para que desarrollen actividades y ejercicios en esta materia, en el aula y la escuela. Un ejemplo de intervención a gran escala para desarrollar las HSE en adolescentes, de escuelas públicas, en zonas urbanas y rurales, es el Programa Construye T.

Construye T opera actualmente en 2,500 escuelas públicas de México, de nivel bachillerato,  con una matrícula total de más de 2 millones de estudiantes, y básicamente consiste en capacitar a docentes y directivos en tres dimensiones, a saber: Conoce T que abarca las habilidades que tienen que ver con la autoestima y el autoconocimiento; Relaciona T que desarrolla habilidades para comunicarnos y llevarnos mejor con los demás; y Elige T que fomenta la toma responsable de decisiones en los jóvenes.

Cada vez más, la evidencia permitirá conocer cómo este tipo de intervenciones innovadoras contribuyen a promover una educación integral de calidad, acompañar a los jóvenes en su proceso de desarrollo personal, empoderar a maestros y directivos y, de esta forma, fortalecer las relaciones entre los miembros de una comunidad escolar.

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