Francisco Bautista Lara
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Preocupación principal de la seguridad ciudadana urbana son los robos en viviendas y en la calle. En la mayoría de casos no hay daños físicos, los autores, no suelen tener intención de dañar al otro, aunque, en ocasiones provocan lesiones y muerte por nerviosismo, resistencia de la víctima, actitud temeraria, o efecto de droga o alcohol... La agresión al arrebatar mochila o cualquier objeto personal, amenazar con arma blanca o de fuego, utilizar algún tipo de fuerza, genera daño psicológico, las personas cargan miedo durante poco o mucho tiempo, lo que afecta su vida cotidiana y tranquilidad. Siempre hay afectación emocional  además de la pérdida del objeto con distinto valor o importancia, según las necesidades de las personas.

La cifra oscura (no denuncia) de robos es de más del 50%; por cada caso denunciado, al menos hay uno no denunciado. No siempre menos denuncias conocidas es porque ocurren menos casos. Las víctimas no reportan los robos ante la Policía por varias razones, entre ellas: i) falta de tiempo, ii) desconfianza –piensan que no harán nada–, iii) poco valor del objeto robado, iv) temor. 

La forma común de robos en casas de habitación, es cuando dejan sola la vivienda, o en la noche, mientras duermen –mayor peligro–, los delincuentes incursionan para llevarse los objetos de valor.  El autor evade a la víctima, no la enfrenta. Las condiciones que propician el delito son: facilidad para penetrar, oscuridad del vecindario, ausencia de personas que observen. Los delincuentes rompen puertas o ventanas, saltan el cerco para entrar al inmueble. Normalmente actúan en pareja, observan la vivienda y a sus moradores, la planificación es incipiente.

El modus operandi común de robos en las calles es arrebatar objetos cuando la persona está distraída, en el bus, las paradas, el mercado y lugares públicos. El delincuente suele actuar solo, aprovecha el descuido de la víctima que lleva algún objeto de valor visible. Es posible que el perjudicado no se entere en el momento por la destreza del ladrón, o tenga un rápido forcejeo, observe cuando el autor corre entre la gente o en un callejón. 

Una forma peligrosa de robos urbanos –no nueva, pero creciente– utiliza motocicletas, con dos personas (dos hombres o un hombre y una mujer), que circulan por la calle, observan a las víctimas con bolsos u objetos de valor, se acercan, el pasajero se baja, amenaza con arma blanca o de fuego. La moto reduce la velocidad, le arrebata a la víctima sus pertenencias y continúa su marcha.

Comparto dos casos recientes que me relataron, el primero denunció, el segundo no: i) a las 7:00 p.m. una joven regresa del trabajo, la acompañan otras dos personas, lleva un bolso al hombro; repentinamente es arrastrada por la calle, dos individuos en motocicleta jalan el bolso, ella no lo suelta, cae al pavimento, sufre raspaduras, los delincuentes se llevan el objeto y huyen colándose con facilidad entre los carros. ii) a la 1:00 p.m. dos hombres regresan de almorzar, uno lleva un maletín; sin percatarse, una moto se acerca, el pasajero los encañona con pistola, pide el maletín, celulares y billeteras, los delincuentes aceleran, se retiran aprovechando la flexibilidad de desplazarse por la calle.

Sin obviar la obligación ciudadana de denunciar los delitos ni la responsabilidad ineludible de la Policía de prevenir e investigar, comparto unos consejos prácticos: no andemos cosas de valor visible, prestemos atención a las motos sin placa y no dejemos las viviendas solas. Evitemos la trampa de renunciar a nuestra vida cotidiana por el riesgo que con frecuencia es más subjetivo que objetivo. 

www.franciscobautista.com

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