Augusto Zamora R.*
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Escribe un lector que la maduración artificial de frutas --el “carbureo”-- es cuento viejo en Nicaragua y que la columna sobre estafas frutales peca de ingenuidad.

No se denunciaba, desde esta columna, el viejo truco del “carbureo”, efectivamente más viejo que el pinol, sino el uso ilegal de productos químicos, práctica nociva y peligrosa.

Los carburos son muchos y el usado para maduración artificial de la fruta es el carburo de calcio. Este, de uso legal en unos países e ilegal en otros, entraña riesgos, pues puede contener arsénico y fósforo, sustancias tóxicas cuya ingesta sería mortal de necesidad.

Llama poderosamente la atención este tipo de reacciones, pues evidencian una actitud imprudente ante temas de salud pública que afectan algo imprescindible: los alimentos.

Cuando compramos un producto, sea en mercados públicos o supermercados, damos por supuesto que el producto es inocuo a nuestra salud y, por tal motivo, se expende.

Si se trata de productos alimenticios, nuestra confianza es ilimitada. Creemos que son salubres y así ocurre generalmente. De otra forma estaríamos casi todos muertos.

Como tantas otras cosas, los controles sanitarios son proporcionales al nivel de desarrollo de un país. En Europa, es obligatorio usar guantes para manipular alimentos.

Temas como este deberían mover a la preocupación ciudadana, no a la justificación de prácticas riesgosas. Hablamos de temas de salud. De la nuestra y la ajena.
Es mil veces preferible optar por medidas preventivas, antes que esperar la autopsia.

az.sinveniracuento@gmail.com

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