Manuel Espinoza / Analista
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Lógicamente abordar este tema conlleva a diversas búsquedas de razones y causas.  Varios ejercicios de exposición de este tema ante estudiantes, especialistas y funcionarios gubernamentales de varios niveles y muy relacionados con el ámbito internacional y la política exterior, demuestra la necesidad de apropiarse de métodos cualitativos académicos, que proporcionen no solo una mayor claridad sobre el tema, sino una facilidad para determinarlo.

El trabajo de E.G. Baranovsky y N.N. Vladislavlena, “Métodos del Análisis de los Conflictos Internacionales (2002), nos proporciona una enorme cantidad de modelos matemáticos, basados en algoritmos, que procuran su cuasi exactitud. Este es una simple muestra del desarrollo del Behaviorismo y el post-behaviorismo al servicio del estudio de las relaciones internacionales en su afán de entender al Sistema Internacional.

Otros trabajos, que los especialistas a nivel de Maestría en R.I deben de estudiar de manera ineludible, que le pueden desarrollar un acercamiento científico, para dar respuesta al tema, que nos inquieta: son aquellos de Christopher Chase-Dunn y E.D Anderson “La Evolución Histórica del Sistema Mundial” (2005), “El Sistema Internacional en la Historia Mundial. Rehaciendo el Estudio de las Relaciones Internacionales” de Buzan Barry y Little Richard (2000) y “La Historia del Sistema Mundial-La Ciencia Social del cambio a largo Plazo” escrito por Robert A Denemark, Jonathan Friedman, Barry K. Gills y George Modelsky (2003)
Basados muchos enfoques de esto en la teoría marxista y sus componentes de materialismo histórico y materialismo dialéctico, logran también construir modelos multidisciplinarios, que sin duda alguna logran el objetivo del especialista.

El Behaviorismo (Conductismo) si logra dar una mejor comprensión al conflicto y a todos los supuestos bases del realismo político. Es más, logra establecer y brindar elementos de la propuesta del paradigma idealista, pueden contener las pretensiones del poder y la seguridad en el realismo.

Las guerras del pasado, la presente y las del futuro se encuentran dentro de la competitividad de la economía política mundial, el campo de batalla de las élites del poder global, las potencias mundiales. Estas por su alto rendimiento económico, producto de las innovaciones de punta, que a lo largo de muchos años logran mantener una enorme ventaja ante la gran mayoría de naciones del planeta, invierten muchos recursos en su capacidad militar, que le permita un statu quo.

A esa evolución positiva en el incremento de su economía y capacidad militar global, se le puede dominar como la etapa de concentración de la estructura líder. Sin embargo, el liderazgo global se disputa por las mismas situaciones de crecimiento en otros actores menores del sistema internacional. Estos logran de manera individual o en términos de alianzas agrupar capacidades, que ponen en riesgo el estado de la economía mayor. He ahí una posible situación de guerra mundial.

Otra situación que denuesta la evolución del desarrollo económico a largo plazo es el decrecimiento de la economía de punta en su trayectoria innovadora, la que es rebasada por sus competidores. Ese periodo de desconcentración económica muchas veces es tratado de revertirse con guerras mundiales, que impidan a los contendientes superar a la economía de punta. Se trata de la obtención por fines no económicos, ni políticos de los recursos, que han generado el crecimiento en los retadores o en la economía de punta. Un trabajo muy popular sobre el desgaste es el de Paul Kennedy “Auge y caída de las naciones (1984).

Las guerras mundiales no son permanentes ni ocurren al azar. Son procesos inmersos y productos a su vez del desarrollo económico global, que generan también cambios estructurales del Sistema global. El tipo de armamento, que en ellas se ocupe, así como los tipos de guerra que se implementan está de acuerdo con las innovaciones científico-técnicas, que se producen en la economía global.

Las imágenes, que acompañan esta segunda nota analítica, puede servirnos para ver las facilidades, que nos brinda el conductismo en el estudio de las relaciones internacionales. ¿Estamos viviendo esos tiempos?

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