Juan Roberto Paredes
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En tiempos en donde lo normal es que los precios de la electricidad suban todos los días, una baja del 10% puede no parecer demasiado. Pero una reducción de esta magnitud tiene que ser considerada como una muy buena noticia. Mucho más por el hecho de que la rebaja promedio del 10% en el precio de la electricidad en Costa Rica anunciada recientemente por la empresa eléctrica estatal se ha logrado utilizando energías limpias, que no generan ni emisiones contaminantes a la atmósfera, ni gases de efecto invernadero, y por lo tanto contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático.

El sistema de generación eléctrico en Costa Rica está conformado en su mayoría por plantas que usan energías renovables donde el combustible además de ser local es gratis, como el agua, el viento, el sol o el calor de la tierra para generar electricidad.

Sin embargo, existe un porcentaje menor de plantas de generación eléctrica que utilizan combustibles fósiles derivados del petróleo, como el diesel y búnker, que tienen que ser importados y cuyos costos están ligados a las variaciones del precio del petróleo en los mercados internacionales y por lo tanto pueden ser muy volátiles, además de que precisamente estos combustibles fósiles son los más caros para producir electricidad.

A pesar de que desde hace unos 10 años más del 90% de la electricidad en Costa Rica se ha generado con energías renovables, el uso de combustibles fósiles para la generación eléctrica se ha más que duplicado pasando de un 4.9% en el año 2009 a 10.3% en el 2014. Este aumento ha implicado costos adicionales en el sistema que generalmente se han trasladado a los consumidores finales. Aunque los costos de los combustibles no son el único componente que impacta las tarifas eléctricas sí pueden representar una de las principales causas del aumento del precio de la electricidad en Costa Rica, que ha crecido de manera significativa en la última década. Hoy, un kilovatio hora en promedio cuesta casi 3 veces más de lo que se pagaba hace diez años.

Cuando se depende de cualquier combustible para producir energía, bien sea renovable o no renovable, se está sujeto a la disponibilidad del recurso. En el caso de las renovables se trata de una disponibilidad climática, ya que cada año trae una cantidad distinta de viento o agua, tal vez con la excepción de la geotermia que nos asegura unos flujos constantes de energía y que de hecho Costa Rica ha sabido explotar eficientemente.

En el segundo caso de los combustibles no renovables su disponibilidad está más relacionada con factores económicos y en muchos casos políticos. Pero en un país donde más del 60% de la energía se produce con agua, cualquier reducción en el recurso hídrico puede tener un gran impacto. Esto ha sucedido en el país en los últimos años donde con menos disponibilidad de agua para producir energía se han tenido que “prender” más plantas térmicas usando combustibles fósiles más costosos y contaminantes.

La introducción de otras energías renovables no convencionales como la eólica y solar, y el aumento en la capacidad instalada de geotermia ha logrado en parte reducir esta dependencia de los combustibles fósiles y continuar por una senda sostenible. En cuanto a la factura eléctrica, gracias a una muy buena temporada de lluvias en los primeros meses del 2015, se proyecta que para este año el 97% de toda la electricidad vendrá de fuentes limpias. Según el Instituto Costarricense de Electricidad los costos evitados en combustibles fósiles importados respecto a las estimaciones originales para el 2015 por este concepto ascienden a más de 70 millones de dólares.

Otra forma de remplazar la energía generada con combustibles fósiles costosos como el diesel, es importar energía más barata de países vecinos. Esto es posible siempre y cuando exista una interconexión eléctrica, como es el caso entre los países que conforman el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (Siepac), un mercado de energía donde los países pueden vender sus excedentes de producción y establecer contratos de largo plazo de intercambio de electricidad.

Durante el primer cuarto del 2015, la interconexión del Siepac permitió importar energía más barata y evitar el uso de las centrales de combustibles fósiles. El ahorro en este caso fue de 14.5 millones de dólares. Es por esto que el regulador del mercado eléctrico en Costa Rica ha propuesto una reducción del 3.6% en el componente de generación de la factura eléctrica para todos los sectores.

Costa Rica nos enseña con beneficios económicos concretos para su población dos lecciones muy importantes: la conveniencia de usar todos los recursos renovables disponibles a nivel local y posibilitar la integración regional eléctrica, gracias a la cual además de tener la posibilidad de ahorrar dinero también se gestiona de una forma más eficiente la variabilidad de las energías renovables. No solo se trata de hacer algo por el medio ambiente, se trata de hacer algo para el bolsillo de todos los consumidores.

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