Salomón Manzanares Calero / Periodista
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El 15 de junio de 1524 los españoles fundan la primera ciudad en Nicaragua: León. En principio, al igual que Granada, pertenecía a Castilla de Oro, España. Estas dos ciudades han sido protagonistas de luchas internas, pero también de episodios que permitieron combatir en contra de fuerzas externas.

En el León que hubo hasta 1610, el desarrollo estuvo rodeado de eventos catastróficos, principalmente violaciones a los derechos humanos de los nativos, quienes fueron utilizados como mano de obra en las edificaciones y oficios hogareños, desastres naturales y vendettas personales. En esos 86 años, independientemente de la protección de los frailes dominicos y mercedarios, hubo dominio político y militar de parte de quienes en su momento eran autoridades.

El mal uso del poder, la expropiación de bienes, la prohibición a la mala práctica religiosa, la "exportación" de personas como esclavos marcan en ese León el pasado oscuro. Esos aspectos son los que únicamente, al parecer, hacen la historia deslucida de la ciudad de la época colonial.

Después de 1610, cuando se traslada a su sitio actual la parte administrativa, política, eclesiástica y hasta los trazados de la infraestructura, se registran otros aspectos de la historia. Desde mitos y leyendas, guerras internas entre leoneses y granadinos, luchas “unidas” en contra de los invasores estadounidenses, la expropiación a los Sutiabas, hasta la independencia en 1821.

Los acontecimientos en León han repercutido en la sociedad nicaragüense; los inicios de la construcción de la Catedral, la fundación de la universidad en 1812, el aporte de los poetas como Rubén Darío, Alfonso Cortés, Salomón de la Selva y en música a José de la Cruz Mena son íconos semióticos en la historia.
Santiago de los Caballeros de León aporta, en la época moderna, honor a hombres y mujeres que ofrendaron su vida en la protesta estudiantil en 1959, y posteriormente en la insurrección en los años 70, lo cual le atribuye el título de Capital de la Revolución.

León a sus 491 aniversarios demanda potencialmente del apoyo gubernamental para modernizarse, sin dejar en el limbo su estructura atractiva y digna de reconocimiento.

Quiero un León sin telarañas "alámbricas" que estorban al intentar tomar una buena foto, un aeropuerto que traiga turistas y estudiantes, sean de la Costa Caribe o del exterior, un ferrocarril que facilite el tránsito de mercancía, un León que se industrialice con la inversión extranjera, que la continuidad del desarrollo urbano se haga con los requerimientos legales, una ciudad de convenciones internacionales, una villa olímpica con estadios y piscinas y que el montón de diputados y funcionarios públicos que ahora viven en Managua velen por el desarrollo integral del departamento de León. Que la Iglesia católica sea escuchada en su demanda de merecer retribuirle la sede de arquidiócesis de parte del Vaticano. Un León limpio, sin gente malinchista que apenas pasa la frontera sur mejora su disciplina.

Un León de inversiones, en donde los proyectos que trazan las autoridades para el desarrollo integral no sean cuentos de mitos y leyendas.

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