Migdonio Blandón B.*
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En el tristemente memorable 23 de diciembre del año 1972 fue el tremendo terremoto que destruyó Managua, nuestra sufrida capital, la que en el año 31 del mismo siglo también había sido destruida; teniéndose la pérdida de millares de vidas y de bienes materiales considerables, dejando luto, tristeza y el aumento de la pobreza en gran parte de la ciudadanía y extranjeros residentes; pero Dios como al ave fénix, ha permitido que resurja.

En la trágica fecha de la hecatombe del 23 de diciembre, con motivo de ser el día de mi cumpleaños, el que desde mi infancia, en el hogar de mis padres, que tienen decenas de años de fenecidos, en su tiempo hacían una fiestecita familiar y con amor paterno me lo celebraban, el que por la fecha, para ellos, había sido un regalo navideño; por lo que también yo recordándoles lo celebraba; pero, ese tan fatídico día, considero que mi regalo fue, el salir ileso con familia.

Es cierto que la tragedia sufrida por la mayoría del pueblo, afectando a unos más y a otros menos, con los drásticos cambios de la nueva ubicación, e iniciar otro sistema de trabajo, en tales circunstancias y en situaciones imprevistas, ocasionan trascendentes cambios; y precisaría ser insensible o tener una fuerte consistencia para no preocuparse; siendo necesario sí, tratar ocuparse en vez de preocuparse, para no enturbiar lo que se tiene que hacer, en todo lo relevante.

En la longeva vida que Dios me ha regalado, he enfrentado múltiples problemas de índoles distintas; los que de manera especial, una motivación trascendente, me ha servido como la mejor solución, para sortear los embates tormentosos que a veces se reciben en el mar de la existencia.; y fue, el valioso regalo de un Cursillo de Cristiandad, efectuado del 5 al 7 de junio del año 73 del siglo pasado, en el que conocí a mi Señor Jesús, o sea a solo un año después, de la segunda gran tragedia del terremoto de Managua.

Pues aunque habiendo nacido de padres cristianos y bautizado como católico, recibiendo de ellos la transmisión de la fe, e incluso la práctica sacramental y de cierta manera los ritos eclesiales; puedo decir que no conocía a Jesús y no vivía como se debe su doctrina de amor; pero en el Cursillo, por los testimonios y su Divina Gracia tuve ese encuentro con Él; tratando desde entonces de seguirle, sabiendo que solo yendo siempre en pos Suya, se evitan desviaciones.

Como humano bien sé que todos somos débiles a las atrayentes tentaciones; pero la motivación recibida en dicho Cursillo, hace ya más de cuatro décadas, ha venido trascendiendo a lo largo de mi vida; y he venido tratando de mejorar mi relación con el Señor; así al conocerle mejor sé que desde la eternidad Él está vivo; y como la Segunda Persona del Dios Trino y Uno, quiso humanizarse para redimirnos con su cruento martirio; y resucitado se ha quedado en el Sagrario.

Pues, por su infinito amor, queriendo que ninguna de sus criaturas predilectas se pierda al conocer nuestras debilidades, quiso fundar su Iglesia. Desde allí, con la dirección de su vicario, su apostolado y a la luz del Sacrosanto Espíritu sirva de guía a todo el que decide seguirle, que es también para lo que ha querido quedarse en el Sagrario; y ayudar a todo el que quiera vivir a plenitud su doctrina de amor, para acercándosele tener una mejor relación con Él.

*Miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis.

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