Augusto Zamora R.*
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Deben aburrirse mucho ciertos políticos costarricenses, pues no dejan de sonar trompetas, hoy día sí, mañana también, con algún tema originado en Nicaragua.

Tópico es el río San Juan --cuya desaparición podría matarlos de aburrimiento--, es una amenaza de invasión --quizás extraterrestre-- o son --¡uy!-- nuestras relaciones con Rusia.

Cabe preguntarse si, casualmente, no hay problemas en Costa Rica que merezcan, con justificado desvelo, la atención que otorgan a este paisito.

No hay, creo, dos países en el mundo tan emparentados --literalmente-- como Costa Rica y Nicaragua. De ahí el dicho que, si un tico jamaquea su árbol genealógico, sale un nica.

Desde 1950 a 2015 hay registrados más de 50,000 matrimonios tico-nicas. A tres nenes por pareja, por tres generaciones, sale la bicoca de 500,000 descendientes.

A esa cifra deben sumarse los nicas nacionalizados ticos, que se casarían como ticos, más los hijos de parejas nicas nacidas en Costa Rica y, por tanto, costarricenses.

Agreguemos los nicas no casados con ticas --y no registrados-- como sucede en zonas rurales, sumemos los inmigrantes no censados y, taca, aparecen dos millones.

Hubo, en los 80, un canciller tico de origen nica, a quien el canciller Miguel D’Escoto molestaba diciéndole “Si vos sos nica”. El otro respondía “Pero no lo digás alto”.

Stanislav Lem inventó un mundo de robots que resultaron humanos disfrazados. Hay, al sur, un país llamado Costa Rica, pero su nombre real es Costa Nica. Para celebrarlo.

az.sinveniracuento@gmail.com

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