Carlos Andrés Pastrán Morales
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Escuchando las gotas caer en las placas de metal de las escaleras olvidadas de los viejos apartamentos van los gatos por los techos de casas y edificios que una vez fueron auténticos ejemplos de riqueza y cero amabilidad. Los perros en las calles llenos de alegría y respirando libertad van arrastrando las cadenas de sus pesadillas, en una ciudad donde todas las noches ya no son parte de los humanos, una ciudad donde el viento canta sus melodías al pasar por antiguos monumentos en honor a falsos héroes y gente corrupta, por casas donde hubo maltrato y agonía, por calles donde ya no existe la envidia y la lujuria.

Esto no significa que la humanidad haya desaparecido, sino que demuestra un cambio en sus acciones. Durante el día, la población se dedica a cultivos de sus tierras para el consumo, ya no existen industrias, economistas, mercados ni siquiera el dinero mismo. Ya no crece la contaminación en el ambiente cercano, las compañías de productos quebraron, ya no se produce el material mal usado por los humanos como es el plástico. La basura total que antes en la ciudad habitaba, fue incinerada, para que las plantas que futuramente fueron cosechadas y cuidadas hicieran que la atmósfera vuelva a estar saludable y viviente. Ahora cada quien tiene su tierra, su casa, sus alimentos, sus amigos y el que esté en contra de esta nueva ley “se llamaba”. Ya no existen presidentes ni dictadores, solo la palabra del pueblo. No hay posesiones ni artículos de lujo, pues estos ya no existen. Los valores de las personas se han puesto en práctica y hay una sociedad más sociable. No hay entretenimiento, solo la imaginación, lápiz y papel.

La red Wi-fi está totalmente extinta, no hay celulares, grabadoras, televisión, DVD, videojuegos, solo el pensamiento propio. Existe la música y de gran calidad, pero ya no hay productores que busquen molestar. La educación ahora es en el hogar, las viejas escuelas ahora son ocupadas como huertos, al igual que varios edificios industriales. Se canceló la producción de energía eléctrica para destruir menos los recursos naturales y que las personas ahora comiencen a trabajar en agricultura. Ya no hay luces eléctricas, solo candelas y ni aromáticas, solo las normales. Las noches quedan en penumbra y las dominan los animales, que al igual que nosotros vivimos en este planeta y tenemos que buscar cómo sobrevivir.

“Las personas han cambiado de pensar” esto se está saliendo de control, y lo único que hacemos es dormir toda la tarde, pasar en Internet, medio estudiar y ni queremos trabajar. Cantinas y bares llenos 24/7, esto tiene que parar”. Y así, desde las 6:00 p.m., cuando el imperio del sol se escapa al otro lado del mundo y sus rayos nos acarician por última vez, cae la noche junto con la llovizna y cada pequeñísimo haz de luz producido por las candelas en cada vivienda dicen adiós a otro día más y la ciudad de las luces apagadas descansa en penumbra con los aullidos y ladridos como hace millones de años atrás.

 

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