Orlando López-Selva
  •  |
  •  |

Esta semana se reúnen en Bruselas los líderes de la Unión Europea (UE). Los temas de la Agenda son cruciales: 1) el referendo británico para ver si se quedan dentro de la UE; 2) la tentativa griega de no querer cumplir con lo que le pide el FMI, y su posible salida de la Unión; 3) mayores sanciones a Rusia; 4) la emergencia de los refugiados en el Mediterráneo.

¿Qué hay detrás de esto?

El referendo británico si aprueba su salida de la Unión, sería un descalabro para la UE. Los británicos quieren modificaciones a los estatutos de la Unión para seguir siendo más British que unionistas; y conservar sus instituciones y mucho de su soberanía. La Unión les conviene, pero no les interesa. Quieren más poder sin comprometer su asociación, a pesar del predominio franco-alemán. Ahora se sienten relegados quienes por mucho se consideraron salvadores de la Europa continental.

Los griegos se sienten ultrajados e intimidados; sienten que los ven de menos; y que la Troika ya ha ahogado masivamente a tantos compatriotas, que no aguantarían más ajustes de cinturón. Sería una tragedia morir de hambre o buscar cómo huir hacia una Ítaca que no existe en un Mediterráneo hostil.

La deuda nacional en Grecia la perciben a través de la óptica del socialista Tsipras: todo lo bancario es explotador, inhumano e inmisericorde. Pero en política, la realidad prima sobre el interés propio, aunque parezca injusto.

Es difícil reconocer que Grecia está mal por culpa de las mismas políticas helenas. La dignidad exacerba el nacionalismo e incide en culpar a otros, señalando a los alemanes que se han sacado la plata de sus propias reservas --alimentadas por contribuyentes y políticas fiscales prudentes-- para prestarles a los griegos. En medio de tanta pobreza, sentimientos de desamparo y muchos  ajustes, es difícil destilar agradecimiento.

¿Habrá soluciones financieras balanceadas que no estrangulen a los débiles y que permitan honrar las deudas adquiridas?

Y si Grecia abandonare la UE, el modelo europeo entraría en una espiral de crisis. Grecia fue la cuna de civilización europea. ¡Esperemos que no sea su tumba!

En lo tocante a las sanciones a Rusia por la situación de Ucrania, ahí todo podría tornarse más peligroso y expansivo. Fuerzas de la OTAN en el Mar del Norte y soldados rusos en la frontera con Ucrania, ponen en riesgo cualquier solución diplomática. Ha habido repetidos incidentes entre aviones rusos y naves de la OTAN. El peligro corre desatado. ¿Qué podrá más: el nacionalismo aventurero de Putin o el deseo centroeuropeo de contener a Rusia y expandirse hacia el Este?

Las sanciones, hasta ahora impuestas por Washington y Bruselas, sí han debilitado la economía rusa. Pero ello no garantiza que, a mayor presión, Moscú cederá. Del otro lado está un Vladimir Putin --oscilante entre el endurecimiento odeseoso de sentirse acogido como líder occidental.

La reciente visita de Putin al Vaticano es una muestra de que el mandatario ruso sí encuentra interlocutores en Occidente. Su visita --que también incluyó un encuentro con el primer ministro italiano Matteo Renzi-- aunque no fue fructífera, sirvió para revitalizar la imagen del mandatario del Kremlin: 1) al interior de Rusia, para que le vieran que anda buscando el diálogo y la paz; y 2) al exterior, para demostrar que no está tan aislado y que puede sentarse con otros líderes europeos que lo escuchan después del desaire del G-7. Y también es una prueba de calibración propagandística. Si no lo hubiera recibido el Papa, se habría sentido re-mal. Y ya se midió. Seguirá pero con cautela. Su maltrecha economía no le permitirá mantener una guerra prolongada. Pero si se echa para atrás, demostraría debilidad.

La parte dramática de la agenda de Bruselas se dará al tratar el asunto de refugiados que llegan por el Mediterráneo.
Italia va gritando ¡aiuto! No es para menos. Las pizzas y las polentas ya no alcanzan.

La migración masiva es ya una amenaza continental. ¿Cómo ayudar a los que emigran, sin estirar las capacidades económicas europeas? No se deben imponer cuotas. Los seres humanos no son mercancías. Hace falta solidaridad, diálogo y políticas sensatas.

¿Esta es la continuación del proceso de colonización, a la inversa?

¿Qué decisiones se tomarán en Bruselas en esta semana?

Será el tiempo de la prudencia. Veremos a la señora Merkel y al señor Hollande esforzarse para evitar la rebelión en el barco de Ulises.
Erich María Remarque no diría que “Todo está en calma en el frente Occidental”.

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus