Álvaro Fonseca
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Generalmente se cree que la mejor manera de volver a tener árboles y de recuperar nuestros bosques perdidos es plantar árboles, o sea reforestar. Pero no es así. Desde siempre la gente del campo sabe que la mejor forma que un área despalada vuelva a tener bosques es a través de la regeneración natural. 

La regeneración natural crea bosques. La reforestación crea plantaciones. En ambas hay árboles. Ambas son necesarias, pero cumplen objetivos distintos. 

La regeneración natural como su nombre lo indica es un proceso natural mediante el cual un área desnuda vuelve a poblarse de árboles en un proceso conocido como sucesión vegetacional. Por acción del viento, el agua y animales depositan semillas en un área que vuelve a poblarse de vegetación hasta convertirse al cabo de 4 a 5 años en un tacotal o bosque juvenil secundario. Para que esto efectivamente suceda deben existir en los alrededores fuentes de semillas, y lo más importante, que el sitio esté en descanso y protegido del fuego y el ganado. El tacotal puede ser enriquecido a través de la siembra o eliminación de ciertas especies, pero básicamente es un proceso natural, de bajo costo y muy efectivo. 

Una plantación es un cultivo, pero en vez de sembrar frijoles o maíz, sembramos árboles para producir distintas cosas: madera para construcción, leña para energía y para cocinar, o celulosa para producir papel. Las plantaciones de árboles obtenidas a través de la reforestación producen bienes que quitan presión a los bosques a la vez que generan ingresos y empleos. 

La reforestación no es el mejor camino si el objetivo es recuperar bosques para proteger el agua, reducir erosión, conservar nuestra biodiversidad, descontaminar el aire, o protegernos de inundaciones. Las plantaciones no pueden sustituir a los bosques. Solo los bosques son capaces de generar esos beneficios. Un bosque es un sistema vivo que combina árboles de distintas edades y especies, combinados con otras especies de plantas no maderables, animales y microrganismos, que juntos interactúan con su ambiente, produciendo servicios ambientales múltiples, además de belleza y recreación. Una plantación debido a que está dominada por pocas especies de árboles y de la misma edad, no es capaz de generar ni a la misma escala, ni por el mismo tiempo, ni con la misma intensidad la diversidad de servicios que un bosque sí puede proveer. 

Los ganaderos nacionales pueden convertirse en aliados estratégicos en este esfuerzo. El Inventario Forestal Nacional de Nicaragua realizado en 2007-2008 demostró que existen 2.1 millones de hectáreas de tierras ganaderas sin árboles. Si al menos el 10% de las mismas pudieran convertirse en tacotales, esto representaría 210 mil hectáreas de nuevos bosques para el país. Es decir tres veces más que todo lo que se ha reforestado en Nicaragua en los últimos 30 años y a un menor costo. 

Los bosques producidos por regeneración natural constituyen una de las mejores soluciones para enfrentar los efectos del cambio climático. Es conveniente diseñar políticas y programas que estimulen la regeneración natural en alianza con agricultores nacionales y en especial con los productores ganaderos.

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