Editorial
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Cualquier propuesta o estrategia sobre el desarrollo de Nicaragua, económico y social, tiene de hecho un vínculo directo con la calidad de la educación en el país, en sus diferentes segmentos, y los pilares son los maestros.

Hoy, cuando se celebra el Día del Maestro nicaragüense, es necesario plantearse una vez más cómo formar mejor a los educadores y cómo mejorarles sus condiciones económicas, porque ambos factores están relacionados. Un maestro o maestra con un ingreso bajo dedica parte de su tiempo a labores extras, para ganarse un complemento, en vez de ocupar esas horas en mejorar su formación, planear mejor sus clases o descansar, lo que tiene su efecto en la calidad de la enseñanza.

La calidad de la educación depende, en primer lugar, de un proceso de formación permanente de los educadores porque los conocimientos avanzan con mayor velocidad, tal como ha enfatizado la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

En Nicaragua, el Ministerio de Educación y organizaciones que promueven la calidad educativa, como Eduquemos, trabajan en mejorar los conocimientos de los docentes y de los directores de escuelas. Sin embargo, el problema de los bajos salarios en ese campo, que es un problema histórico en el país, ha incidido en la fuga de maestros bien preparados hacia otros empleos o hacia naciones vecinas donde por una paga mejor realizan labores inferiores a sus conocimientos.

Un estudio reciente, publicado por la revista del Banco Central de Nicaragua, afirma que “en promedio, las mujeres con ocupación de técnicos de nivel medio ganan un 55 por ciento más por hora que las mujeres dedicadas a la docencia”, y es preciso señalar que en este país el 69% de los profesores de preescolar, primaria y secundaria son mujeres.

En el caso de los hombres, “el salario promedio por hora de los técnicos es 32 por ciento mayor que el de los profesores”, revela esa investigación, “Brechas salariales en la profesión docente: el caso de Nicaragua”, elaborada por Ivonne Acevedo J.

Países que han logrado dar el salto de la pobreza al desarrollo constante, como hoy busca Nicaragua, elevaron su inversión en la educación y obtuvieron resultados extraordinarios. Algunos de los llamados “tigres asiáticos” son ejemplo de eso, como Taiwán y Corea del Sur.

Nicaragua es un país con una economía creciente, más de 4% el año pasado, en términos relativos uno de los que más crece en la región latinoamericana. Asimismo, necesita acelerar el paso en el ámbito educativo. Cuando los sectores más productivos de la economía nacional señalan la importancia de tener cada vez más profesionales ligados a la ingeniería y las tecnologías, pensemos en los maestros que, desde el preescolar hasta el último peldaño de la educación básica, moldean el carácter ciudadano y el futuro laboral de las nuevas generaciones.

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