Orlando López-Selva
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El 16 de junio pasado, el presidente Vladimir Putin dijo que agregaría 40 misiles intercontinentales al arsenal del ejército ruso.

Una semana después el secretario de defensa norteamericano Ashton Carter anunció, en Tallin, la capital de Estonia, que los Estados Unidos van a estacionar, temporalmente, armas pesadas en Europa Central y del Este. Concretamente en Estonia, Lituania, Letonia, Bulgaria, Rumania y Polonia. Igualmente agregó que reforzarán su arsenal en Alemania.

Los líderes políticos de Moscú y Washington han permitido que, de las emociones enceguecedoras se pase a las provocaciones intimidantes. 

El punto no es que ya Europa tenga suficientes armas desplegadas, sino que el conflicto de Ucrania, se haya  extendido más hacia escenarios propensos para una guerra a gran escala; que haya un mayor número de tropas y ejercicios militares de la OTAN, y los soldados rusos acantonados en la frontera con Ucrania. Todo presaga un conflicto titánico. 

Es cierto, ya existe un conflicto fronterizo fratricida en Ucrania y el territorio disputado de Crimea que bien podría ser resuelto negociando.     

Pero, la paz en Europa Oriental es ya rehén de tanques y cohetes.

Nadie parece estar dispuesto a dialogar sino más bien a intimidar. ¿O se pretende imponer la teoría realista?: “La intimidación es también un buen camino para obligar al adversario a sentarse a negociar”. Hay mucho de Kissinger y Macchiavelli en esto.  

Las acusaciones encontradas aseveran que Putin es el culpable; pero también hay otros que señalan a los Estados Unidos.

¿Para qué buscar culpables? No es tiempo de enjuiciar a nadie sino de actuar con mayor conciencia.

Coincidentemente, las dos guerras mundiales se originaron en Europa. Estas hecatombes fueron las más devastadoras y sangrientas de la historia contemporánea (¿Cómo compararlas con parámetros estadísticos modernos a las bárbaras conquistas de Genghis Khan en toda Eurasia?). Esto agrega otra preocupación al asunto europeo: ¿Si hay una desintegración de la Unión Europea, podría seguirle un conflicto continental? 

Ahora se habla de una nueva guerra fría. En vulcanología los volcanes solo están dormidos y repentinamente vuelven a erupcionar. Entonces, ¿la guerra fría solo ha despertado nuevamente?

Si el conflicto de (1914-18) dejó 17 millones de muertos --sin armas nucleares--; y el de (1939-45), dejó 48, ¿Podríamos asumir que el factor multiplicador (2.8), para un tercer conflicto global resultaría en 134.4 millones de víctimas? Si asumimos que en una conflagración mayor, los terceros involucrados también usarían armas nucleares, el número de víctimas sería mayor. El razonamiento letal: ¿Por qué guardar un arma de destrucción masiva si usarla podría significar la única sobrevivencia de tu gente?

Salvo en Antártida y Sur América, hay conflictos por todas partes. Y a Norteamérica, los Estados Unidos la involucran al deambular desenredando problemas ajenos que nunca resuelven; mucho menos que salgan airosos. 

Y uno de los argumentos del presidente Putin es: “Los Estados Unidos tienen bases por todo el mundo; Rusia no”. 

Desde la perspectiva geográfica, Rusia no necesita bases por todo el mundo. Su extensión territorial es tal que cubre dos continentes, dos océanos; y con 17 millones de kilómetros cuadrados y fronteras con 15 países, no necesita expansión. 

Desde el ángulo moral, los problemas globales no se resuelven intimidando e invadiendo. Es más eficiente la diplomacia aunque se encomiende a los teóricos scholars de pulcras vestiduras y sutil parlar.

La guerra no enaltece a ningún hombre; solo lo bestializa.

Si el tema ucraniano se discutiera en el Consejo de Seguridad, Rusia bloquearía cualquier protesta. Entonces, este tema crucial quedaría fuera del mecanismo diplomático colectivo. 

No veo que los problemas entre los europeos --occidentales y orientales-- tengan perspectivas de solución a corto plazo. Si una de las potencias queda fuera de las ataduras del derecho internacional, no tiene obligación de comprometerse con nadie. Esto no es culpa de los que han abusado del poder. El orden internacional se ha ajustado para que no haya mecanismos jurídicos fuertes que contengan el abuso de poder, de manera equitativa y sensata.

Claro, existe la posibilidad de que rusos, ucranianos y occidentales dialoguen con buenas intenciones y logren la paz pronto. Si no, y este conflicto envejece, corre el riesgo de extenderse o que aceptemos que ya la guerra es el estado natural del hombre. Ello significaría dejar las cosas en manos de los nuevos realistas políticos.

Me pregunto: ¿La guerra es un fenómeno cíclico (histórico) o estructural al hombre (genético)?

¿Ernest Hemingway creería que en la vida real no es posible decirle “Adiós a las armas?”

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