Juan Alberto Henríquez Oporta
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¿Ser racional o sensible? A veces es mejor ser de una u otra manera. Un maestro, nos dijo una vez que Salomón Ibarra Mayorga tuvo que ceder ante Somoza para cambiar la letra del Himno Nacional, ganador del concurso de la época, poniendo la acción en presente cuando el original estaba en futuro: “Ya no ruja la voz del cañón, ni se tiña con sangre de hermanos tu glorioso pendón bicolor”. Así es, un solo giro nos vuelve racionales, decía en sus enseñanzas el Maestro Lino González. 

“Los maestros somos ciudadanos del mundo y yo soy maestro”, decía el rivense Profesor Eloy Canales. Fue un maestro que refugió en su casa a muchos jóvenes inquietos en sus ideas y con su vida en peligro. Lo hizo a petición de Pablo Orlando Rodríguez Cruz (El Vetarro Pérez).

“No hay edad para amar y entregarse pleno a una dama” decía el veterano profesor y artista Julio Gómez Mejía, enamorado en su vejez, de una dama más joven que él en Tipitapa. 

Los maestros que estuvieron conmigo en las luchas magisteriales y de la revolución ya fallecidos, siempre estuvieron convencidos de que su lucha valía la pena. Alfredo Bonilla López fue uno de esos. El maestro César Augusto Salinas, a quien una vez le entregué cien córdobas para una misión en la que gastaría sesenta y me preguntó: “¿A quién le entrego el vuelto?”.

Sin embargo, me dijeron hace poco que hay un personaje  que fue dirigente del Magisterio, ahora diplomático, poseedor de cinco millones, (lo más seguro es que son dólares) a pesar de que no se ha sacado la lotería. Le solicitaron cien dólares para un maestro enfermo y los negó, pues no piensa desajustar su dinero dispuesto para la compra de una finca. “¿Será que es más racional que sensible?”, diría el maestro Lino González. 

Mis recuerdos y oraciones para colegas fallecidos: Oscar Meléndez Rojas, Arturo Alanís, Augusto Cardoza, Raúl Madriz Caballero, Heriberto Romero Paz, Dionisio Herrera y Canales, Rafael Montenegro, Rodolfo Cajina Aragón, Elba Obregón Aguirre, Alfredo Bonilla López y todos los que se me escapan sus nombres, presentes en mi corazón.

Un abrazo y fortaleza a entrañables colegas enfermos en su humanidad, pero vivos y conscientes de su magisterio: Ronaldo Montenegro García, Filadelfo Arias Parrales, Alejandro Ponce, Rolando Reyes Rodríguez, Mariano Miranda, Esperanza Gutiérrez Mayorga, Ing. Manuel Espinoza y en Canadá al maestro de Biología Byron González.

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