Gustavo-Adolfo Vargas *
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En proporción a su población y peso político, Grecia es un país altamente militarizado invirtiendo gran parte de su presupuesto en Defensa. El pequeño país del sur de Europa tiene un Ejército de 109,000 soldados para una población de unos diez millones de habitantes. Cuenta con un ratio de unos 10 militares por cada 1,000 habitantes, lejos del mayor porcentaje de toda la Unión Europea.

Comparativamente: España cuenta con unos 122,000 soldados, un ratio de 2.5 por cada 1,000 habitantes. Francia, una superpotencia en términos armamentísticos, un 3.5.

En los últimos diez años, Grecia empleó una media del 4% de su PIB en Defensa, con picos de casi el 6%. La OTAN, conocida por presionar a sus aliados para que eleven el presupuesto militar, recomienda que este alcance un 2% del PIB.

Entre los países de la alianza, el porcentaje griego solo fue superado por Estados Unidos. En dicho período, Grecia importó equipamiento militar valorado en 12,000 millones de euros. Justo antes de verse obligada a solicitar el rescate, entre 2005 y 2009, el país se convirtió en el quinto mayor importador de armas del mundo.

Grecia tiene 1,620 vehículos blindados, más que Alemania, Francia e Italia juntas. En su mayoría, Leopard 1 y 2, de fabricación germana. En comparación, España tiene 300 unidades de Leopard y Alemania 400.  Tal derroche en armamento tiene su precio.

Entre las numerosas deudas en que está inmerso el nuevo Ejecutivo heleno, están las facturas de 4,000 millones de euros adeudados a Alemania, seguida de Francia, que sostiene la Armada griega con unos 3,000 millones.

Paradójicamente, por un lado advierten a Syriza que recorte sus gastos, y por otro le compelen a honrar los pagos que tiene previstos, no solo vehículos de combate, sino también por unos submarinos franceses por los que pagó más de 2,000 millones que resultaron defectuosos por un problema de diseño.

Además de su compleja posición geoestratégica, como la frontera sur y este de Europa, una de las causas de la crisis económica en Grecia ha sido tratar de competir con Turquía en términos armamentísticos.

La rivalidad entre ambos países es de vieja data, en la actualidad tiene presencia con pequeñas tensiones en las aguas del Egeo y sobre ellas. Las flotas griega y turca se enviaban continuos avisos, mientras que los cazas violan el espacio aéreo del rival, solo para ser interceptados y escoltados al propio.

Al menos, lo hacían hasta que a los griegos se les acabó el dinero para pagar el combustible. Si bien en los tiempos de bonanza pocos criticaban el dispendio que implicaba mantener abierta esta carrera armamentística, tras la llegada de la crisis, incluso los turcos han apoyado al otrora adversario.

Grecia no precisa nuevos tanques, misiles, submarinos o aviones de combate; tampoco Turquía. Es momento de recortar el gasto militar a nivel global, especialmente entre Grecia y Turquía, que no tienen necesidad alguna de submarinos alemanes o franceses.

Si Grecia redujera cinco décimas su presupuesto de Defensa podría ahorrarse unos 9,000 millones de euros al año. El país ha conseguido rebajar al 2.2% del PIB su gasto militar, que no obstante sigue siendo el más alto de la Unión Europea,  a la zaga del Reino Unido lo cual es aún insuficiente.

Grecia debería acabar con los históricos conflictos que mantiene con Turquía, tiene que seguir esa es su vía a seguir. El otro le lleva a comprar más armas y a tener un Ejército preparado para eventuales conflictos, que resultan absurdos, porque ambos son miembros de la OTAN; Syriza ha iniciado a recorrer el camino para convertirlo en un país neutral.

La “troika” trata de castigar a una figura antisistema como Alexis Tsipras, para demostrar que la izquierda no puede dirigir un país europeo. Sin embargo, la adhesión al “ultimátum” conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia.

* Politólogo

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