Ángel Saldomando
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Conocida es la leyenda de Sísifo condenado por los dioses, a causa de su astucia, a subir eternamente las piedras que volvían a caer de la montaña apenas llegaba a la cima. Condenada por su engaño en el manejo de la deuda Grecia está obligada a subir el ajuste económico una y otra vez para pagarles a los dioses de la troika (Comisión Europea, Banco Central europeo y FMI) que la han sometido.

La historia del endeudamiento griego habrá que hacerla algún día pero en ningún caso corresponde a la historia oficial, es más bien un típico caso de manejo financiero rentista y especulativo hasta que el país se desangra y llega al límite. Las responsabilidades son compartidas por toda la derecha financiera que maneja Europa e impuso el euro a todos, cerrando el debate y menos aun sometiéndolo a consulta democrática. (Los países nórdicos se mantuvieron prudentemente a distancia). Grecia ha sido desangrada y ha encontrado en su primer ministro Alexis Tsipras a su Sísifo que  a contrario del mito se ha negado a padecer la eterna condena y ha dicho no al ajuste.

Ahora enfrentado con los poderes fácticos de Europa, nadie de la troika es electo o representa políticamente a Europa, son tecnócratas institucionales de dudosa reputación por lo demás; Alexis propuso consultar al país sobre si acepta o no las condiciones del ajuste. El resultado 62% contra las condiciones del ajuste le han dado respaldo político, en una materia nunca se consulta a las sociedades. Por lo demás, nunca un país, ni de izquierda, se atrevió a tamaño desafío y también en esto sienta un precedente.

Por ello le ha llovido fuego, al mercado no le gusta la democracia, cuando sus decisiones de negocios son sometidas a la aprobación o al rechazo político abierto. Sin embargo más allá del resultado del referéndum, la opinión por fuera de la troika es que el ajuste y el manejo de la deuda es inviable, si no hay reducción de ella y condiciones de reactivación interna de Grecia.

La condena de austeridad sin fin no da resultados y destruye el país. Entre 2008 y 2013 la deuda no se redujo, sigue clavada en el 175% del PIB, el salario mínimo cayó a 75 si se toma como base 100 a 2008, el desempleo ronda el 65% y la pobreza el 23% contra 16.5% en la zona euro. ¿Qué más quieren?

Es claro que la austeridad y más ajuste no es una salida y que lo que está en juego es la posibilidad de políticas alternas más justas, algo que la troika y especialmente la ortodoxia alemana rechazan, es el miedo a abrir una brecha en la conducción liberal y conservadora de Europa. A estas alturas ya saben que no cobrarán si matan al enfermo.

Poco a poco emerge el debate que se ha negado con el argumento que la integración de Europa es una sola, con una sola política, la liberal conservadora y con un solo método posible, acuerdos políticos y tecnocráticos sin aprobación y consulta democrática.

La disputa sobre la deuda es en el fondo un conflicto político sobre las políticas hegemónicas en Europa como lo fue en América Latina, donde sabemos bastante de estos procesos, de su condicionalidad y sus resultados.

Grecia abrió una brecha, como lo hizo Argentina en su momento, convertida en contra modelo de cómo salir del ajuste eterno, el control del FMI y relanzar políticas reactivadoras con efectos en las condiciones de vida, aumento del empleo y reducción de la pobreza.

Alemania y Francia, autoproclamadas pilares de la Unión Europea, están frente a una crisis donde el punto dejó de ser solo Grecia, es el proyecto europeo que aparece carente de un enfoque más equitativo, democrático y social, pese a toda la arrogancia con que los sectores conservadores dan lecciones acerca de la única política posible.

* Economista

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