Francisco Bautista Lara
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Managua se expande, la población aumenta: en 1971 habían 485,850 habitantes, en 2015 se ha triplicado: hay más de un millón y medio de personas –sin incluir población flotante-; el parque automotor sube 12% anual -duplicado en una década-, hay más viviendas –a pesar del déficit habitacional-, se erigen nuevas edificaciones, la economía nacional crece lo que se refleja en la dinámica capitalina que dejó de dar la espalda al Xolotlán después de cuarenta años, y comienza afortunadamente a pensar en sus habitantes.

Suben los riesgos por el cambio climático y nuestros irresponsables olvidos. Las lluvias desproporcionadas del inicio de la atrasada temporada lluviosa causan estragos, ha faltado planificar  y regular el “desarrollo urbano” con todo lo que implica. Las calles no soportan el tráfico vehicular, los cauces se desbordan, la tierra limita su capacidad de absorción por las construcciones en la cuenca sur y los asentamientos urbanos espontáneos, los pobladores demandan más servicios, hay necesidades insatisfechas en un país pobre que a pesar del crecimiento del quinquenio, requiere rebasar el atraso y la desigualdad acumulada con planes y programas sostenibles de largo plazo para modificar su estructura económico-social y transformarla en desarrollo humano.

La ciudad a pesar de sus fragilidades se percibe mejor. Más andenes para los que caminan y paradas de buses techadas para quienes usan el renovado transporte urbano colectivo, son buenas noticias que no pueden pasar desapercibidas. La habilitación de lugares de acopio de basura, a pesar que la limpieza no es todavía un hábito social ni podemos afirmar que tenemos una ciudad limpia, es un buen rumbo que requiere responsabilidad y exigencia municipal y social.

La ciudad quedaba -durante varios años, hasta hace un mes- inmovilizada por el tráfico de entrada y salida en las horas pico de la mañana y la tarde; muchos perdían la calma y las horas de espera en las carreteras Sur, Masaya, Norte y Nueva a León. Parecía sin solución, fueron insuficientes las adiciones de carriles.  La Policía impulsó un plan. Lo que era más de una hora para entrar o salir de la ciudad, se redujo a diez minutos, quedó demostrado –al menos por el momento-, que “todo era cuestión del método”,  hacer las cosas de manera distinta lleva a resultados diferentes, como dijo Einstein. La Policía modificó su visión de multar y actuar coercitivamente (sin renunciar a ello), enfatizó su función de facilitar y regular.

La ciudad seguirá creciendo, habrá más negocios, más autos, más personas en las calles, mayor requerimiento de servicios públicos, más viviendas, centros de diversión y otros. Sin un plan de largo plazo ante esa realidad, nos ahogarán las circunstancias: basura, contaminación, tráfico, inundaciones, desorden... son problemas comunes en las ciudades actuales con distinto grado de vulnerabilidad y riesgo, según los descuidos acumulados y las improvisaciones asumidas. Cuando somos más personas conviviendo aumentan las necesidades y los conflictos, quizá la inseguridad y la violencia, si se descuida la equidad, el ordenamiento urbano, la organización y la educación social. Si hacemos las cosas de la misma manera como se han hecho antes en realidades similares o distintas, los costos sociales, humanos y ambientales serán crecientes; quizá irreversibles.

www.franciscobautista.com

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