Rafael Lucio Gil *
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Los países están convencidos de que la educación es factor clave y decisivo para el desarrollo. La educación técnica también tiene para muchos países un profundo significado. Es vista como eje sustantivo para mejorar la empleabilidad, el desempeño laboral, la productividad y la competitividad.

Las Cumbres Mundiales y de Jefes de Estado han proclamado esta prioridad para los países. Desde las Cumbres de Jomtien y Dakar, y en especial la de Educación Técnica de Seúl, hasta las Cumbres de Educación de Adultos y otros eventos internacionales relacionados con el mundo del trabajo y la educación técnica, han reiterado múltiples conceptos, propuestas y acuerdos en relación al tema.

Por su parte, las transformaciones profundas que está sufriendo el mundo del trabajo, se han convertido en un factor relevante propiciador de cambios profundos, también, en la preparación técnica de jóvenes y adultos.

La educación técnica es vista como una función determinante del Estado en esta nueva era,  instrumento efectivo para alcanzar los objetivos de una cultura de paz, un desarrollo sostenible y mayor cohesión social.

También se reconoce que la educación técnica posee especial relevancia para el desarrollo de las dimensiones personal y social de los educandos. Esta abarca diversidad de formatos que han evolucionado históricamente, sobre todo en las últimas décadas, sin existir un formato único en la actualidad en los países.

Nuestro país, desde hace varias décadas, reclama a gritos un subsistema auténtico de Educación Técnica. Pero para que el país logre implantarlo al nivel requerido, es imprescindible la definición concertada de políticas específicas y presupuesto necesario por parte del Estado. Se demanda que esta oportunidad educativa sea capaz de presentar al país estructuras y métodos abiertos y flexibles, siempre atentos a las necesidades del educando y de sus comunidades.

Se requiere configurarse como un continuum curricular y con programas de aprendizaje abiertos por igual a hombres y a mujeres, tanto en sus perfiles y contenidos, como en sus técnicas de enseñanza.  Por ello, hoy, se insiste en que los adolescentes y jóvenes dispongan de orientación y asesoramiento vocacional que les facilite motivarse a adoptar esta opción educativa tan importante para el país.

La educación técnica se presenta como el mejor medio para incrementar la capacidad y creatividad de jóvenes y adultos, y su pronta inserción laboral con especialidades técnicas que hoy, más que nunca, demanda el país.

El Inatec y el Mined realizan esfuerzos desde hace años para avanzar en esta dirección, sin embargo, la brecha existente entre tales esfuerzos y las demandas que el país plantea en este sentido, son enormes. Aún la cantidad de jóvenes que orientan sus estudios hacia este tipo de carreras es desproporcionadamente baja, en comparación con las demandas del país.

Frente a esta situación del país, la respuesta histórica ha sido notablemente insuficiente, poco consistente y asistémica. Un análisis breve del comportamiento de la educación técnica en el país, a partir de la década de los años 60, permite extraer lecciones de gran importancia que deben servirnos para recuperar las experiencias más exitosas, y aprender de los aciertos y errores. En décadas pasadas fue notoria la preparación de miles de jóvenes en oficios técnicos, consideradas experiencias muy bien recordadas por quienes las vivieron, por el impacto funcional que tuvieron en sus vidas. Lamentablemente tales experiencias no fueron sistematizadas ni aprovechadas por los gobiernos de turno.

En estos años recientes el Inatec y el Mined han recibido de la cooperación europea, un aporte muy significativo para institucionalizar y potenciar significativamente la educación técnica. Sin embargo, aún no se percibe en el país cuál sea la ruta trazada para implementar un modelo nacional de subsistema de educación técnica sólido y de cobertura nacional, aun cuando la prisa del país cada vez es mayor, frente a los planes de desarrollo de macroproyectos, para los cuales debe importar los recursos técnicos con los que no cuenta el país.

Tal convencimiento del país debiera operativizarse, adoptando una perspectiva sistémica interna y externa en la educación técnica, lo que supone articularla con el Plan de Desarrollo Humano, recuperando experiencias exitosas.

Ello también demandará que el carácter de sistema se concrete con la incorporación de la educación técnica, no como un anexo al sistema educativo, sino como uno de sus subsistemas fundamentales que interactúe y se comunique con los demás, con pasarelas curriculares entre ellos. La visión sistémica externa se ha de complementar con el diálogo sistemático y fecundo entre los currículos de educación técnica y el mundo laboral, incorporando las nuevas y viejas demandas de formación provenientes del mundo empresarial.

El diseño curricular pertinente, la disposición de locales y equipamiento adecuados, junto a la requerida preparación actualizada del personal docente, darán sustento concreto a la concreción real de la educación técnica.

Una constante en el imaginario colectivo sobre la educación técnica actúa como el principal obstaculizador para que miles de jóvenes se decidan por esta formación técnica. Aún esta es vista por padres de familia como una educación de segunda o tercera clase, aun cuando, hoy, quienes se preparan en educación técnica encuentran trabajos dignos con mucha más facilidad que miles de graduados universitarios que engrosan los datos estadísticos del trabajo informal o del paro.

Esta cultura desvaloriza esta opción educativa tan necesaria para superar la pobreza, y es profundamente resistente al cambio, por lo que requiere del concurso activo y de una difusión sostenida de parte de las instituciones del estado y organizaciones sociales.

La difusión que tanto el Inatec como el Mined hagan a toda la sociedad de estas ofertas de educación técnica, contribuirá a modificar esta cultura social de minusvalorización existente. A la par, será necesaria la concertación de políticas públicas efectivas que potencien esta formación, con el presupuesto requerido, un continuum de formación atractivo y la conducción adecuada por parte de las instancias que tienen la responsabilidad de llevarla a cabo.

 

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