Jairo Rojas Meza
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Los aportes de la agricultura para la vida del país son indiscutibles: 20% al Producto Interno Bruto, 40% del empleo nacional, en varios de los productos básicos de la dieta somos autosuficientes, aunque la mayoría de cultivos se producen en sistemas convencionales, algunos como el café y el cacao son generadores de servicios ecosistémicos como la captura de carbono y la infiltración de agua. Así mismo, la agricultura es generadora de cohesión social comunitaria y un extraordinario reservorio de cultura popular.

Tres elementos de contexto ponen en riesgo este carácter multifuncional de la agricultura. Primero, el cambio climático, quizá sea el de mayor riesgo para el presente y futuro. Segundo, los bajos niveles de productividad, que se combinan con un proceso de degradación de los recursos suelo y agua. Tercero, el fin de la frontera agrícola, patrón del crecimiento de la agricultura en los últimos 60 años. Aunado a estos elementos la demanda por alimentos aumentará por el crecimiento natural de la población.

Frente a estos retos, la innovación es el instrumento por excelencia para preservar e incluso mejorar el desempeño de la agricultura.
Requerimos innovar en las tres dimensiones del concepto: organizacional, la que permitirá aumentar las sinergias entre los múltiples protagonistas, facilitará actuar como sistema: talentos humanos, infraestructura tecnológica, conocimientos tácitos y explícitos. Instituciones de formación e investigación agropecuaria, Estado y productores, articulados para construir y gestionar una agenda común de innovación.

Avanzar en esta dimensión permitirá mayores impactos en la innovación de procesos y productos en el corto, mediano y largo plazo.

El modelo lineal de innovación caracterizado por la dispersión, la descoordinación, el divorcio entre el conocimiento explícito generado por la investigación científica y el tácito, construido por la experiencia de los productores, son obstáculos para enfrentar los desafíos de la agricultura. Solo basta respondernos algunas preguntas para identificar las oportunidades que estamos desaprovechando ¿Cuántas de las investigaciones realizadas en las universidades, centros de investigación y otras instituciones generadoras de conocimiento responden a una agenda nacional o territorial definida con los productores? ¿Cómo gestionamos el diálogo de saberes? ¿Contamos con el marco normativo para actuar como sistemas?

El Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo plantea que a la par de la atención del desarrollo humano, en términos de los derechos sociales básicos, se requieren construir políticas de segunda generación que promuevan los sistemas nacionales de innovación, que posibilite la transformación hacia una matriz productiva con mayor contenido tecnológico agregado. La reestructuración y consolidación del sistema organizacional vinculado a la innovación en general y del sector agropecuario en particular debiera ser objetivo de política de primera prioridad.

El Sistema de Investigación e Innovación Agropecuaria que se promueve desde distintos sectores en Nicaragua, es una oportunidad para avanzar en la transformación de esta realidad. El Estado desde sus instituciones tiene la posibilidad de facilitar la construcción de las bases normativas y organizativas para hacer de la innovación el motor para una agricultura inteligente, adaptada a las tensiones climáticas y del entorno.

E mail: jrojas_12@yahoo.com
Doctor en Estrategias para el Desarrollo
Agrícola Regional

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