Matías Busso / Economista
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Tómese un momento para recordar la última vez que olvidó el cumpleaños de alguien. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo en el supermercado y olvidó de ese ingrediente indispensable para la cena especial? ¿Cuántas veces se le han olvidado las llaves de su hogar en el último año? Una buena memoria es sin duda importante para cualquier persona. El recuerdo de caras, nombres y hechos cotidianos resultan ser una  buena medida de nuestra capacidad para sobrevivir el acelerado ritmo de nuestra sociedad actual.

Las consecuencias del olvido pueden variar; tal vez solo una multa si olvidamos la fecha límite para el pago de nuestros impuestos, o quizás, una sincera disculpa si olvidamos el cumpleaños de nuestra pareja. ¿Pero cuáles son las posibles consecuencias de olvidar la fecha de vacunación de nuestros hijos? ¿Cómo podríamos olvidar algo tan importante?

Más de 1.5 millones de niños mueren anualmente a causa de enfermedades prevenibles por vacunación, lo que representa un 29 % de todas las muertes entre niños menores de cinco años; la mayoría de estos fallecimientos se producen entre las poblaciones de menores recursos en países en desarrollo. No obstante, en las últimas décadas, la comunidad internacional ha puesto en marcha diferentes intervenciones relacionadas con la oferta para aumentar las tasas de vacunación, que han contribuido notablemente a un aumento en las tasas.  Aun así, en el 2013 alrededor de 21.8 millones niños en el mundo no recibieron el paquete recomendado de vacunación.

En un escenario como este, donde la oferta está  cubierta, resulta natural preguntarnos ¿cómo aumentar más aún la demanda de vacunas en los países en desarrollo? En este sentido, Mani, Mullainathan, Shafir y Zhao sugieren que los individuos que viven en condiciones de pobreza deben gestionar constantemente el manejo de recursos limitados y se enfrentan diariamente a difíciles problemas; estas constantes preocupaciones dejan menos recursos cognitivos disponibles. Este enfoque infiere que ciertas simples intervenciones públicas, tales como proporcionar recordatorios, podrían resultar especialmente útiles para las personas que viven en condiciones de pobreza y ayudarlas a tomar mejores decisiones de salud.

Teniendo esto en mente, entre 2011 y 2012, realizamos un experimento de campo en Guatemala, utilizando datos administrativos y encuestas de 130 comunidades rurales para evaluar los efectos de una intervención “recordatorio” después de seis meses de implementación.

Al igual que en otros países en desarrollo, las tasas de vacunación  en Guatemala entre los menores en sus primeros meses de vida son altos, pero disminuyen considerablemente cuando alcanzan el primer año de vida. En otras palabras, el 86 por ciento de los niños menores a los 12 meses de edad han recibido todas las vacunas recomendadas, pero esta tasa disminuye a un 67 por ciento entre los niños de 18 y 48 meses de edad  y hasta un  42% para los niños de 48 y 53 meses. En este sentido, la disminución en las tasas de vacunación conforme aumenta la edad de los menores, muestra que la mayoría de las familias están conscientes de la importancia de las vacunas, pero no pueden seguir adelante con sus planes, lo que sugiere que los recordatorios pueden ayudar a las familias a beneficiarse de recibir los ciclos completos de vacunación necesarios.

El gobierno guatemalteco contrató a varias organizaciones no gubernamentales para ofrecer un paquete de servicios preventivos de salud infantil y materna en las clínicas, que a su vez empleaba trabajadores comunitarios de salud para promover la asistencia a las clínicas.

Aleatoriamente asignamos clínicas en nuestra muestra con comunidades en tratamiento o en grupos controlados. En las comunidades en tratamiento, el personal de salud recibió las listas de los niños que debían recibir vacunas en esa clínica en el mes siguiente para que estos pudieran hacer el recordatorio correspondiente.

Los resultados fueron alentadores. La intervención produjo un aumento en las tasas de vacunación entre los niños que fueron parte de la implementación de casi 5 puntos porcentuales. Por otra parte, la “estrategia de recordatorio” resultó eficiente y altamente rentable.

Estimamos que el costo total de la ejecución de esta intervención en Guatemala fue de tan solo US$0.17 por niño con una duración de seis meses. Estos costos por niño adicional vacunado son mucho más bajos que los de los típicos programas de transferencias monetarias condicionadas aplicados en otros países de América Latina.

Los recordatorios son rara vez utilizados en los países en desarrollo y representan sin duda una gran oportunidad para lograr mejoras adicionales en las tasas de vacunación a un costo moderado.  Por otra parte, la “estrategia de recordatorios” podría ser utilizada no solo para aumentar los niveles de vacunación, sino también para estimular la demanda de otras medidas de salud preventiva. Sin embargo, se necesita más investigación sobre la mejor manera de utilizarlos e importantes cuestiones permanecen sin respuesta respecto de los distintos aspectos de la utilización de recordatorios. ¿Cómo llegar a la gente de una manera más eficiente? ¿Hay que utilizar métodos más sofisticados? ¿Deberíamos incorporar tecnología?

Al igual que en otros ámbitos de políticas públicas, conocer el terreno es fundamental, pero en cualquier caso, parece que la lección a recordar es precisamente que en cualquiera de sus variantes -una app, una nota o un buen amigo- un recordatorio de lo que tenemos que hacer y cuándo necesitamos hacerlo puede tener un profundo impacto en beneficio de la salud.

Escrito en conjunto con Julian Cristia, economista líder del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo.

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