Rafael Lucio Gil *
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La educación, en su riqueza y complejidad, demanda múltiples modalidades para responder a la gran diversidad de contextos y realidades. En tanto esta sea capaz de diversificar y adaptarse  a los contextos problemáticos del país, logrará acceder a los olvidados del sistema.
Tanto en cuanto el país logre activar a plenitud esta capacidad de la educación de situarse en el país que abarca una realidad multicultural, mejor cumplirá sus objetivos de equidad y pertinencia adaptándose a las demandas y particularidades locales.

El ámbito rural tiene para el país gran importancia, en el entendido que los procesos de producción de riqueza, son estratégicos para el futuro de la nación. Sin embargo, a pesar de este enorme aporte que brinda al país esta modalidad, la brecha histórica de descuido, rezago y desigualdad que le separa del espacio urbano es enorme, quedando marginada de gran parte de los recursos, tecnología y políticas de desarrollo de que dispone el país.

La educación multigrado ha sido una estrategia de la que también los países más desarrollados se han servido en determinadas etapas de su desarrollo. Y fue, precisamente, el haber aprovechado y optimizado esta modalidad educativa, la que ha contribuido a este desarrollo.

Es común escuchar a personas que consideran el multigrado como una modalidad de bajo nivel e ineficiente, mientras otros sectores ponen toda su confianza en él, defendiéndolo a toda costa. La realidad es que esta modalidad cuenta con un haber pedagógico muy relevante y de gran riqueza, por las oportunidades pedagógicas que aprovecha a través de una diversidad y riqueza de estrategias, niveles, interacciones horizontales entre los mismos niveles y de varios niveles educativos.

En Nicaragua, esta modalidad educativa en educación básica, alberga en una misma aula, niños y niñas de varios niveles educativos, con un solo docente por lo general. En la realidad rural, se dan diversas combinaciones de niveles, complejizándose cada vez más, en tanto la cantidad de niveles se incremente. Indudablemente, el hecho de no contar con recursos humanos y financieros para que los niños y niñas de un mismo nivel educativo se eduquen en aulas con un solo docente, es una variable que al nivel histórico tiene gran peso.

Obviamente, en la modalidad, al albergar niños y niñas de distintos grados, se incrementa enormemente la complejidad pedagógica y didáctica para el maestro o la maestra. Unido a esto para que estos docentes logren cumplir con las exigencias de tal modalidad, requieren de una formación especial, fuertemente arraigada en los contextos rurales, su cultura y especificidades, como base para la comprensión e identificación de su cultura, formas de pensar y desarrollar sus vidas.

Pero esto, si bien reviste importancia estratégica, no basta. Maestros y maestras requieren disponer de un menú amplio de recursos didácticos y pedagógicos, además de contar con una formación científica importante, con el dominio de los programas de las disciplinas que deberán enseñar, así como las competencias a desarrollar.

Esta complejidad de la modalidad, indudablemente se debe correlacionar con la preparación que estos maestros y maestras reciban en las Escuelas Normales, teniendo en su currículum de formación este nivel de especialización, que va mucho más allá de recibir solo un curso de multigrado.

Cuando se pregunta a estos maestros y maestras cuál es la principal dificultad que sienten para conducir un aula multigrado, afloran entre otras estas razones: sienten que tienen muy baja preparación en atención a la diversidad, con variedad de estrategias didácticas y en los conocimientos científicos que requieren para que tanto los estudiantes de primer grado como los de los últimos grados desarrollen las capacidades requeridas; adicionalmente, se sienten poco apoyados con una dotación de medios y recursos didácticos de enseñanza.

Es evidente que, si frente a este grado de complejidad y diversidad, maestros y maestras no cuentan con los recursos sociológicos, pedagógicos, psicológicos y didácticos, ni el apoyo y acompañamiento requeridos, los resultados que se podrían observar en estas aulas, arrojan resultados de muy baja calidad.

Algunas expresiones reales de estos resultados se expresan así: maestros y maestras que solo copian y repiten conceptos que no comprenden, mientras sus estudiantes los repiten sin entenderlos; otros se concentran en los primeros grados, debido a que es para lo que más se han preparado, mientras el resto de estudiantes de niveles superiores están inactivos, sin actividades de aprendizaje, desaprovechando múltiples oportunidades de activar sus niveles cognitivos. Aún podríamos comentar otros resultados similares.

Esta realidad, en la que se desaprovechan oportunidades de desarrollo cognitivo y científico de parte de los estudiantes, nos debe cuestionar como país, y problematizar esta situación, preguntándonos con mucha sinceridad y responsabilidad: ¿Cómo el país deberá comprometerse, en conjunto con las instituciones educativas que tienen la responsabilidad de la educación, tomar conciencia de que esta modalidad es crucial para el país, pero que no está siendo priorizada, y aportar propuestas y políticas para que esta modalidad logre cumplir con calidad su función social estratégica?

 

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