Orlando López-Selva
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Cuando pasen los años muchos recordarán al primer ministro griego Alexis Tsipras y a su ministro de Finanzas Janis Varoufakis.
Los medios de comunicación se han encargado de proyectar la situación griega como una tragedia de proporciones olímpicas.  

Pero los políticos unionistas de Bruselas, especialmente alemanes, franceses, italianos y españoles han presentado las cosas como si fuera la muerte de Grecia. Pero no será así. Argentina, Rusia y Paquistán ya han estado en una situación similar. Y no han desaparecido o enloquecido.

El caso es que hubo un referendo el domingo antepasado. El 61% de los griegos se manifestó en contra de la troika (Banco Central Europeo, FMI y Banco Mundial). Aunque otro porcentaje menor, el 38% de la población helena sostenía que Grecia debía cumplir con su abono de US$1.7 billones.

Los acreedores no quieren perder y reclaman con justicia el dinero que le dieron prestado a Grecia hace dos años, como rescate, para que no se hundiera el país. Pero la intención era política: que no se viera que Grecia caía en la debacle y que la Unión los sacaría del laberinto, matando al minotauro (¡como Teseo!) y mostrando que la civilización europea sabía resolver sus problemas de endeudamiento, iliquidez y de amenazas de separación de la república helena.

Por su parte, los gobernantes griegos no quieren pagar porque dicen estar financieramente asfixiados. Además, aducen que Alemania, el principal acreedor, ya tuvo sus tiempos malos cuando en 1953, después del caos y la humillación que padecieron por la Segunda Guerra Mundial, recibió una ayuda descomunal de 1.4 billones de dólares de entonces, que no pagaron, gracias al perdón de acreedores occidentales.

¿Justeza u oportunismo en el reclamo heleno?

¡Sobrevivencia!

(Los políticos deben siempre hablar del paraíso aunque estén a las puertas del infierno. Un buen político debe ser optimista. Por eso es que la política tiene mucho de fantasiosa y es inspiradora para la literatura iberoamericana. Sino, véanse algunos personajes centrales de novelas de Ramírez, Roa Bastos, Gabo, Asturias, Fuentes…

Por su parte, el ministro de Finanzas griego, Varoufakis —marxista leninista—, quien desde la asunción del premier Tsipras al poder, condujo las negociaciones de Grecia con sus acreedores, ya renunció afirmando que: “llevará con orgullo el haberse enfrentado a los acreedores de Grecia”.

No veo ninguna victoria en que un pueblo, mayoritariamente esté en contra de aceptar “imposiciones”. ¿Por qué no “rescate”? Entonces, ¿para qué fueron a prestar, si después saldrían con el cuento de que no tenían con que pagar?

Cierto, ha sido dramático ver a jubilados griegos hacer filas interminables en los bancos para poder retirar 60 euros. Y otros que ni siquiera lo pudieron hacer, se tiraron a llorar en las aceras de Atenas y otras ciudades. Es doloroso. Son pensionados que han pasado toda su vida trabajando y ahorrando (¡por disposición de gobiernos anteriores, uno se podía jubilar a los 55 años!).

Pero lo cómico de todo esto sucede cuando vemos a miles de manifestantes griegos pasearse con banderas, en una plaza ateniense, cantando hermosas canciones para luego concluir con un Tsipras saliendo al escenario para felicitarlos por apoyar el “no”.

Un par de días después ese mismo primer ministro Tsipras saldría para Bruselas a reunirse con sus contrapartes de la Unión, quienes dirían que “querían ver una propuesta seria” de parte del gobierno de Atenas. ¿Los vieron como payasos a Tsipras y a Varoufakis!?

¿Es ética la acción de Tsipras… quien, primero se opone al pago y luego sale a buscar a sus acreedores para decirles que le ayuden financieramente a salir de la crisis?

Todo parece una tragicomedia política, de fuegos falsos y bandas estridentes; con el pueblo, interpretando los personajes, como sacados de una novela de Juan Rulfo: tristes hasta más allá de la muerte, olvidados, desposeídos, sin esperanzas ni siquiera de perdón o purgatorio.

¿Políticos y acreedores apagarán el incendio o lo azuzarán más?

Si, en algún momento, unionistas y griegos idean y acuerdan una solución a esta crisis, Grecia sentará un precedente controversial: incumplir pagos significaría crear eslabones frágiles en el sistema financiero y mayores cuestionamientos al orden internacional.
Este es un conflicto donde los políticos de Bruselas no quieren que Grecia se salga de la Unión; los acreedores desean que les paguen; y el pueblo griego, que le auxilien.

El pueblo griego personifica el drama; los políticos helenos escenifican la comedia, que todavía non è finita, como se culmina en (Pagliacci) Payasos, esa hermosa ópera italiana de Ruggero Leoncavallo.

 

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