Adolfo Miranda Sáenz
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Los políticos y otra gente que en Nicaragua está políticamente polarizada, con fanatismo y apasionamiento viven pendientes de cada declaración, de cada expresión, de cada gesto de los obispos católicos, para encontrar en ellos condenas o críticas a sus adversarios; o elogios y aprobación a su partido o línea política. Ojalá la diligencia que ponen en eso, la pusieran en oír atentos la voz de los pastores con el ánimo de crecer en la fe y en el amor cristiano. Pero no.  Insisten en ver a la Iglesia católica y a sus obispos como instrumentos útiles para fortalecer sus posiciones políticas o para condenar la de los contrincantes. Y si no les satisfacen las palabras o gestos que escuchan o ven, entonces publican editoriales, artículos de opinión, comentarios o caricaturas sarcásticas en los medios y redes sociales. Con el mismo fervor con que encumbran a quien responde a su apasionamiento político, tratan de desprestigiar y convertir en motivo de sorna a quien no responde a sus simpatías políticas, a veces cargados de sentimientos malsanos.

Esta partidización de la Iglesia es tan absurda que una vez un amigo que se considera muy católico me mostró la lista de nuestros obispos colocándolos en orden de más a menos “opositores” al Gobierno. Cuando me habló de que tenía un rating de los obispos yo creía que me iba a mostrar algo relacionado a su trabajo pastoral, a su entrega, santidad, sabiduría… lo cual siempre sería absurdo comparar, pero menos absurdo que lo mostrado. Los obispos no son políticos, son pastores. Y si tienen que pronunciarse sobre algunos temas políticos lo hacen desde su perspectiva pastoral, no política, y menos partidista.

A nuestro querido cardenal Leopoldo Brenes Solórzano le hicieron una pregunta inapropiada: ¿Qué opina del carro que usa el presidente? No va un arzobispo, menos un cardenal, a estar opinando del carro, casa, de los zapatos o del agua de colonia que use el presidente. La respuesta fue correcta: “No soy experto en esas cosas”. ¿Qué querían que dijera? Seguramente el periodista de un medio abiertamente opositor esperaba que el cardenal hiciera un comentario mordaz. Pero esa no es la función de un obispo. No puede el pastor de todos actuar como político de oposición.

Algunos se escandalizan de que el cardenal reconozca que el Gobierno esté haciendo cosas buenas en carreteras, educación o salud. Pero independientemente de que estemos a favor o en contra del Gobierno no podemos negar que se están haciendo carreteras, ¡porque allí están! No podemos negar que existen programas buenos en salud, ¡porque lo reconocen la OMS y la OPS! No podemos negar los programas educativos que se desarrollan, ¡porque los reconoce la Unesco! Y que el cardenal o este servidor o Perico de los Palotes lo reconozca, no convierte a ninguno en pro Gobierno, ni en sandinista o pro sandinista. El cardenal no dijo que el Gobierno estuviera exento de críticas, no dijo que fuera perfecto. ¡Él no debe estar ni en pro ni en contra del Gobierno! ¡No debe tener partido! Debe reconocer lo bueno y criticar lo criticable; pero no cada vez que un periodista haga una pregunta con intención de llevar “agua a su molino” para el medio donde trabaja, sino cuando realmente lo amerite.

Yo admiro y respaldo la prudencia y moderación del señor Cardenal Brenes. No soy nadie para criticar los estilos que los otros obispos tengan. Cada uno actúa según su discernimiento. No me corresponde juzgar su mayor o menor grado de prudencia o moderación. Como católico los respeto a todos.

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