Roberto Sansón
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Se ha hablado con insistencia en los últimos días sobre la desgravación de algunos productos de manufactura estadounidense que ingresaran al mercado nacional como parte de los acuerdos que culminaron con la firma del DR-Cafta en el 2004. En el caso de Nicaragua, somos el único país centroamericano que ha alcanzado exportar más de lo que importa de los Estados Unidos, lo que nos convierte en superavitario. Somos un actor --a todas luces, muy beneficiado-- con dicho acuerdo.

Es común escuchar en algunos medios de comunicación expresiones alarmistas sobre el ingreso de dichos productos, en vez de observar dichos retos, como una oportunidad para seguir liderando en Centroamérica las exportaciones hacia nuestro principal socio comercial. A pesar de los 9 años de vigencia del tratado, aun se debe continuar identificando las necesidades y fortalezas de nuestros sectores productivos para enfocar los esfuerzos, incorporando mano de obra calificada, tecnología de punta y maquinaria especial, así como el promover el crédito de la banca nacional y la baja en los costos de la energía para poder ser más productivos, lo que es igual a ser más competitivos en el mercado internacional.

Los tratados de libre comercio constituyen una oportunidad para hacer negocios sin importar el tamaño de las empresas y por eso es que en AmCham consideramos que las Pymes no solamente tienen abiertos nuevos mercados --incluyendo el mercado nostálgico de más de 500 mil compatriotas que viven en los Estados Unidos-- sino que pueden articular alianzas con las grandes compañías exportadoras, haciendo realidad el adagio de que con creatividad, “en la crisis, encontramos oportunidades”, para lo que el país debe tener un plan y estrategias claras y bien definidas de acceso de nuestros productos y servicios a mercados con los que tengamos beneficios negociados, visto que los tratados con nuestros socios comerciales más importantes ya fueron firmados, lo que incluye por supuesto a los Estados Unidos y la Unión Europea, sin olvidar otros mercados fundamentales --y poco aprovechados-- también, como México y Chile, para mencionar algunos.

Por eso creo que tanto AmCham como APEN y el Centro de Exportaciones e Inversiones y Pro Nicaragua, el Mific, el Banco Central, entre otras instituciones, debemos abocarnos a que nuestros empresarios conozcan más y mejor de todos los trámites relacionados con comerciar con el mercado estadounidense. También debemos escucharlos porque sabemos que hay que simplificar todas las operaciones de importación y exportación que están sujetos a cumplir formalidades aduaneras, formalidades sanitarias, requisitos de trámites de pago de impuestos, regulaciones de marcado de producto, etiquetado, etc. 

Si únicamente nos quedamos quejando y buscando excusas, el tiempo se irá acercando hasta alcanzarnos. Existen experiencias tremendamente exitosas que nos debe servir de inspiración, como Yazaki y sus 16 mil puestos de trabajo en León y Chinandega, Transactel, Sitel, en la Zona Franca, la exportación de puros de clase mundial, el Flor de Caña en otras latitudes, etc. Está en nuestras mentes --el sector empresarial, junto al financiamiento apropiado-- el ser creativos. Está en el Gobierno y en las otras instituciones del Estado, el poder contribuir a servir como facilitadores. Por ello saludo la iniciativa del comandante Bayardo Arce Castaño de conformar una mesa de trabajo en la que participa AmCham junto al Cosep para que entre todos busquemos el camino a seguir que más conviene a nuestro país. Y como he dicho  ¡Aún hay tiempo para prepararse, veamos en los retos oportunidades!

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