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Es indispensable --aunque insuficiente-- acompañar a las víctimas ante la tragedia irreparable; es necesaria la solidaridad ante el daño humano y familiar; la consternación ante la afectación social e institucional ocasionada por la actuación operativa policial en circunstancias públicas conocidas: el sábado 11 de julio después de las 8:00 de la noche, en Las Jagüitas, Managua, un vehículo fue blanco de disparos policiales que causaron la muerte de dos niños y una joven, y lesiones graves a otros.

Un padre viaja con su familia y sobre la vía, en la oscuridad de la noche, es interceptado por un grupo inusual de encapuchados que “parecen policías”; dudó de la identidad de los individuos armados, “presumió que eran delincuentes” --temor normal-- y no se detuvo --reacción humana de protección--.  Los policías, sin haber sido agredidos con arma de fuego que justificara la proporcionalidad en el uso de la fuerza, se precipitaron en disparar temerariamente contra el vehículo en movimiento.

Resulta inevitable --aunque insuficiente--, investigar los hechos, identificar responsabilidades personales e imponer sanción administrativa y penal, lo que truncará la carrera de varios agentes y oficiales, quienes con sus familias, padecerán la condena y pena moral por lo que sin pretenderlo, ocurrió… Se requiere además la revisión institucional para aprender y superar los factores internos que permitieron que el hecho ocurriera, no para lamentar el pasado, sino para evitar que se repitan en el accionar operativo de la Policía en el cumplimiento de su misión y en el ejercicio legítimo de la fuerza en los límites legales de proporcionalidad, racionalidad y oportunidad establecidos.

Primer punto para la reflexión social: ¿Cuáles son criterios de éxito de un operativo policial? En esencia: “Lograr el objetivo propuesto”, pero como “el fin no justifica los medios” está sujeto al respeto a los derechos humanos, a promover la convivencia y la paz social, es inseparable a dicho propósito: “El menor daño o perturbación a la fuerza policial, a terceros y al entorno”, son dos caras de una moneda, dos cuestiones inseparables. El operativo policial del sábado 11 fue un fracaso policial agravado, no solo porque el objetivo de la acción prevista contra el narcotráfico se frustró --es lo menos-- sino porque provocó daño irreparable a personas y afectación social e institucional.

Sin embargo, a pesar de la fallida acción operativa, aún de los errores se puede obtener beneficio, puede haber aprendizaje siempre y cuando se evalúe con humildad y serena objetividad profesional las circunstancias y factores para esas consecuencias lamentables.

Segundo punto: ¿Por qué pueden ocurrir esos resultados en la actuación policial? Hay cuatro factores claves: i) entrenamiento y capacitación de los policías participantes en la acción operativa: no olvidemos que por la naturaleza del oficio policial, es en última instancia el individuo, más allá de manuales y normas, quien determina la calidad y contundencia de su actuación, hay criterios predeterminados, pero no hay forma de precisar el momento exacto en que un policía debe reaccionar o la manera en la que debe calcular su respuesta, ello responde al juicio humano que permite el entrenamiento sistemático, la competencia y capacidad para el ejercicio de sus funciones; ii) información disponible: dado que el operativo, según se dice, era contra el narcotráfico, es decir una organización que actúa con premeditación y planificación, las características de la información de inteligencia requieren consistencia y calidad, para reducir riesgos y evitar improvisaciones, para asegurar efectividad contra la delincuencia organizada que usa medios técnicos, información y violencia para vulnerar los controles policiales, que pretende corromper y agredir; iii) planificación de la acción operativa: es decir, previsión del despliegue policial en el lugar según condiciones del entorno, asignación de responsabilidades, distribución de medios técnicos y comunicaciones, instrucciones claras a los participantes y desencadenamiento del operativo con sus variantes según los protocolos de actuación y bajo un liderazgo competente; y iv) estado anímico y motivacional personal: se relaciona al primero, no es suficiente la capacidad y el entrenamiento, son indispensables actitudes y condiciones personales para cumplir una misión, con más razón cuando existe mayor riesgo por las características del delito; la fuerza policial requiere motivación, nivel de estrés regulado, descanso y alimentación, en caso contrario es posible que el “juicio humano” en la actuación policial se distorsione por factores emocionales personales. 

La reflexión final para prevenir que se repitan hechos similares: ¿Los policías participantes en el operativo del 11 de julio tenían la experiencia y entrenamiento competente para cumplir la misión? ¿Cuál fue la claridad y precisión de la información disponible, cuáles los riesgos esperados por las características del grupo delictivo contra el que se actuaba? ¿Era compatible la calidad del personal con ese nivel de riesgo? ¿Fue adecuada la planificación policial operativa o hubo improvisación, se previeron las características del entorno, se tomaron las precauciones para provocar la mínima perturbación a la población civil? ¿El liderazgo del grupo policial y las instrucciones a los participantes fueron precisas? ¿Cómo era el estado emocional del personal, había estrés, cansancio o incomodidad por alguna razón personal o de otro tipo, en todos o algunos?

A partir del hecho irreversible, debe revisarse la actuación policial para aprender y evitar consecuencias similares futuras, para fortalecer a la Policía, que a pesar de sus defectos personales, es competente, goza de confianza social y será capaz de aprender, en medio del duelo y la consternación, de los errores.

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