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Toda su vida fue una Escuela: la pobreza de la niñez, los años de adolescente, su tenacidad para superarse como alumno en la Normal de Estelí y su fortaleza para enfrentar la injusta expulsión de ese centro. Sin embargo, logró graduarse de maestro en la Escuela Normal de Managua. Este hecho se repite con otras variantes en su cesantía de maestro con otros, más de cien, maestros antisomocistas y sindicalistas Pro Magisterio. Las cárceles somocistas no lo amilanaron. Viajó a la URSS y un cura acompañante de viaje le dijo: “Esta socialdemocracia es buena para toda América Latina”. El profesor Filadelfo Arias Parrales sonrió y después comentó favorable aquella decadente “socialdemocracia”.

Filadelfo Arias Parrales fue uno de los pocos que dio albergue a los perseguidos y refugio a los condenados en su propia tierra (guerrilleros) y nunca hizo alarde de ese hecho, ni siquiera figuraba como colaborador. En una ocasión fue propuesto para un cargo público y solicitó una carta. Hubo dos tipos de respuesta de dos fulanos desconocidos: “Que te la dé Fulano, él te conoce” y la otra “Me acuerdo de ese refugio, pero no de tu cara”.

A muy temprana edad supo de la ausencia de su padre en el hogar, pero tuvo el calor y el amor de Pepa Parrales, su madre, quien procreó además a sus hermanos Flor, Osmin, Melba, Marvin y Yadira Arias Parrales, hijos y hermanos, excelentes profesionales. Para hacer sus estudios de Normalista contó con la gracia de una religiosa norteamericana que estuvo convencida de su buena calidad de alumno. Fue un marxista que pensaba en la bondad y en la felicidad de sus hermanos pobres y a regañadientes decía “quizás hay otra vida”. Nunca pensó en volver a la edad de piedra, aunque bromeaba y lo bromeaban. Sociólogo que aprendió a poner como centro los logros de la fuerza de los artesanos, así lo demuestra el arte y la sabiduría de los pueblos llamados brujos.

Profesional que no vivió de los otros, ni ahora ni en su adolescencia. Sus ojos se llenaban de los libros de la biblioteca, pues pensaba que sería “sabio” y que la competencia le obligaba a ser el mejor. Fue catcher del equipo de beisbol de la Escuela Normal, matemático, atleta de salto alto y de garrocha, pero fue descalificado del primer lugar en una competencia nacional en el Instituto Ramírez Goyena.

Amigo, colega, compañero de recorridos de adolescencia en las calles de Estelí, hablando del amor, del estupor y del pavor de la época. Ahora viene el silencio de los vivientes que no se acordarán de tus hechos, pues no habrá ningún símbolo que te recuerde, ni que todo lo venciste, menos a la muerte.

Yo te recordaré siempre Filadelfo Arias en el periodismo popular o de catacumbas, aunque no fuiste periodista nos apoyaste mucho con coraje y quizás no te recuerden los comunicadores, pero yo te recuerdo en las reuniones y en las discusiones junto a empleados de Funde-Inde, como Alfredo Bonilla López.

Antes que tu humanidad desapareciera, que las lágrimas no me dejaran ver tus osadías, fui a abrazarte como hermano, en tu espalda ancha, y a decirte que para mí no te ibas todavía y ahora sé que los judíos, revolucionarios y los justos en su fe son los que vencieron y vencerán.

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