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“Necesitamos y queremos un cambio” fueron unas de las palabras más destacadas del Papa a los movimientos sociales, durante su visita a Bolivia, luego de reconocer que “hay algo que no anda bien” si hay tantas personas sin techo, sin tierra y sin trabajo. Dijo que hay un hilo común que liga a todos los tipos de exclusión y que este sistema ya no rige más.

“Las famosas tres T: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra”. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo?

Tres fueron los ejes más importantes para el papa Francisco: una economía al servicio de los seres humanos, la unión de los pueblos en el camino hacia la paz y la justicia y defender a la madre Tierra. El Papa concluyó con un llamado a los movimientos: “el futuro de la humanidad no está solo en las manos de los potentes, sino en las manos de los pueblos que se organizan. Yo los acompaño”.

Asistieron al encuentro delegados de los movimientos populares de todo el mundo: trabajadores precarios y de la economía informal, campesinos sin tierras, “villeros” (habitantes de los barrios pobres), indígenas, inmigrantes, además de representantes de movimientos sociales, en el que  participaron 3 mil personas.

Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

La economía no deberá ser un mecanismo de acumulación, sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un “decoroso sustento”. 

Ni siquiera, aunque ya sería un gran paso, garantizar el acceso a “las tres T” --trabajo, techo y tierra-- por las que ustedes luchan. Una economía verdaderamente comunitaria, debe garantizar a los pueblos dignidad “prosperidad sin exceptuar bien alguno”.

“¿Reconocemos, en serio, que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?”

“¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios?”

“¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?”

“Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio”, destacó. Para Francisco, estas cuestiones no están aisladas, sino unidas por un hilo invisible. “Me pregunto si somos capaces de reconocer que esas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que ese sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

El Papa dijo además que los movimientos populares son “sembradores de cambio”. “Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. (...). A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar”.

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