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En junio 2011 escribí “Grecia al matadero”. A la pregunta de la periodista de Euro News: ¿Hay plan b para Grecia? El director interino del FMI sonrió enigmáticamente y respondió: “Estamos trabajando por el éxito”. Se refería al plan de ajuste --el único posible según  la UE y el FMI--  con el que pretenden que Grecia, viva o muerta, pague y se limite el efecto expansivo de la crisis por la exposición de bancos franceses y alemanes. Es la condición para darles un nuevo paquete de ayuda y evitar la bancarrota. Con el cuchillo al cuello Gobierno y parlamento griego deben capitular frente al ajuste, pero la mayoría de la sociedad lo rechaza.

Y así llegamos hasta aquí. Grecia se resistió, llegó una nueva coalición de centro izquierda para encabezar una alternativa y llamó frente a las condiciones inflexibles del ajuste a un referéndum que le dio apoyo político mayoritario. Lo que ha ocurrido luego es escandaloso y dramático. Lo que viene si todo continúa igual es que Grecia deja de ser un país y que la Unión Europea se ha convertido en un apéndice de Alemania.

Kröten und Schlangen, así se escribe en alemán, según la traducción, sapos y culebras. Eso es lo que deberán tragar los griegos por las condiciones impuestas por Alemania y aceptadas orejas gachas por los demás países. ¿Dónde quedó el tándem Francia, Alemania pilares de la Unión Europea? No existe, Alemania el dueño de Europa ha impuesto prácticamente todos sus criterios en todas las pulseadas, los demás, incluido el débil presidente francés reducido a un poco decoroso papel, palmeando el hombro de Tsipras como el consuelo de los amigos, cuando aparecen, en el funeral. 

La dirigencia alemana, en representación de toda la Europa financiera y conservadora ha hecho gala de una amnesia, un cinismo  y una arrogancia histórica inaudita, para defender su posición hegemónica. No solo olvidó que en 1953ª la que era la RFA,  le anularon el 62% la deuda de posguerra y le otorgaron facilidades enormes, nunca le pagó a Grecia las reparaciones por la ocupación nazi (varios miles de millones de euros según diversas estimaciones),  además recibió ayuda para la reconstrucción de posguerra estimuladas por su posición geopolítica frente a la Unión Soviética. 

La posición hegemónica de Alemania, ahora unificada en 1990, lograda con una reindustrialización acelerada  y con menos gastos ligados a factores geopolíticos, en particular militar, se vio reforzada con la instauración del euro, convirtiéndola en exportadora y acreedora absoluta del continente.

Con Grecia fue todo diferente, a la salida de la dictadura militar griega los grupos de poder continuaron siendo los mismos en la democracia, con ellos Europa hizo buenos negocios pero se acentuaron con la entrada en la UE. Los créditos fluyeron en un momento de liquidez, de diferencias de tasas a favor de los prestamistas especulativas, (esto reconocido incluso por Christine Lagarde, en ese entonces ministro de Finanzas en Francia, antes de ser directora del FMI). El negocio era simple: los bancos conseguían fondos baratos del banco central europeo y la reserva federal y lo prestaban mucho más caro a Grecia. Los préstamos de corto plazo aumentaron de 50% entre 2005 y 2007 y más de 33% entre junio 2007 y agosto 2008, solo un año. Pero la inversión productiva y de largo plazo permaneció estancada durante 12 años y nunca se recuperó. La corrupción y las presiones estimularon el consumo indiscriminado y de lujo, la venta de armas y de todo tipo de activos. Grecia tiene más aviones y submarinos que Inglaterra sin 
ser una potencia. La chatarra debe estar bien amontonada.

La irresponsabilidad que se le enrostra a Grecia fue la contracara de los negocios fáciles y la especulación, no se escucharon voces en Europa que sugirieran algo distinto. 

La situación en perspectiva era peligrosa: todos sabían que Grecia corría riesgos de no poder pagar, pero los bancos --esencialmente franceses y alemanes-- apostaban a que por último los riesgos se los cargarían a la Unión Europea.

Y ese momento llegó: Alemania ni ayudó ni perdió plata con Grecia, por el contrario ganó, pero pasó la cuenta más encima junto con los demás acreedores. Sucedió lo previsto, los bancos fueron salvados por fondos europeos y el fardo solo cambió de hombros. Para Grecia fue peor. 

Ahora las negociaciones hechas entre la troika y Grecia son una antología del autoritarismo del capital, como lo fueron también los ajustes en América Latina. Burócratas que por convicción, o por sus altísimos salarios, defienden los intereses de sus mandantes poniendo a su servicio todas las triquiñuelas técnicas e institucionales, se convierten en gurkas. Todos los  argumentos de principios que nos enrostran, democracia, desarrollo, probidad, transparencia, responsabilidad, reglas del juego y un largo etc., a puertas cerradas se van al diablo. (Como han atestiguado funcionarios desbordados por el clima de las “negociaciones”) El lenguaje es brutal, el chantaje la norma y el asedio total para obtener firma de acuerdos sin concesiones. A la vieja Europa conservadora le volvieron a salir los colmillos, ocultados un tiempo por las conquistas sociales y el estado de bienestar.  

Las condiciones puestas a Grecia si terminan por imponerse, todo parece indicar que Tsipras las aceptó, pero aún hay obstáculos políticos, hacen de su país un territorio bajo ocupación económica y política y a la zona euro un conjunto de países bajo dictado financiero que habla alemán. Escenarios alternativos hay pero se excluyeron desde un inicio. La Europa plural está por ahora en estado de coma. 

Asombra que un continente que dispone de recursos humanos y sociales como para oponerse ha sido sistemáticamente diezmado por los liberales conservadores y una socialdemocracia completamente subordinada. 

Lo que ocurra de ahora en más puede ser un punto de inflexión pero no está claro en qué dirección. Pero arriesguemos la hipótesis que Grecia no podrá pagar, será castigada y rapiñada, y quizá se comience a reaccionar.

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