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Toda actuación policial tiene carácter secuencial con un “antes” (etapa de preparación y organización previa, entrenamiento, información, disposición de la fuerza policial, medios,  plan, variantes y posibles decisiones), “durante” (ejecución operativa, suele ser breve) y “después” (consecuencias, inspección, evaluación, trámite administrativo o penal, etc.). El proceso de actuación policial puede ser ordinario o extraordinario, más o menos prolongado en correspondencia a su complejidad, debido a mayores riesgos, por la gravedad de sus consecuencias, la complejidad del delito o grupo delictivo que enfrenta o el conflicto social sobre el cual actúa.

El pasado 11 de julio la Policía Nacional realizó un operativo cuyas consecuencias trágicas son conocidas por lo que el Ministerio Público anunció la acusación contra catorce policías y el presidente de la República ordenó a la Policía revisar los protocolos operativos y cuidar su actuación para evitar consecuencias dolorosas. La “ejecución” de la actuación policial –“durante”-- fue, como suele ser, breve, y en esa brevedad dejó graves daños humanos, afectó a los policías que intervinieron, lesionó el prestigio de la Policía y causó grave impacto social.

Si la ejecución (“durante”) de la actuación policial resultó fallida y dramática, esto ocurre en la mayoría de las veces cuando la etapa previa (“antes”) no fue adecuada, no se agotaron los pasos necesarios. Sucede por diversas circunstancias: premura o urgencia de la ejecución, menospreciar la magnitud o complejidad de la acción, no designar a policías competentes para la misión, no disponer de medios técnicos apropiados, no valorar el entorno y no verificar la calidad de la información. En el caso que nos ocupa parece que la etapa previa no fue desarrollada según era necesario,  sin embargo es posible que aunque se hubiera previsto suficiente, la ejecución fracasara por imprevistos o factores internos y externos, humanos, técnicos o circunstanciales.

Un policía sueco una vez comentó: “Suele haber dos problemas: el problema y la manera de abordarlo que se puede convertir, en vez de solución, en otro problema”. La manera de abordar los inesperados resultados de una actuación policial puede agravar el daño --humano, institucional y social; psicológico, moral, de confianza--, o todo lo contrario. En el análisis secuencial de la actuación policial, aunque la raíz del fracaso --o éxito-- suele estar en la etapa “previa”, se manifiesta en la “ejecución” –“durante”--, que permite “después” obtener resultados: solucionar o generar un nuevo problema.

El “profesionalismo policial” es un proceso constante de actualización y competencia para responder a las necesidades sociales cambiantes frente a la delincuencia (común y organizada), por la convivencia y la seguridad ciudadana, reduce el miedo, proporciona confianza en la calidad de la actuación personal y colectiva, da serenidad y certeza, reduce riesgos, asegura la efectividad policial.

El lugar de la actuación policial se convirtió en “escena del crimen”, son numerosos los disparos efectuados, lo que presume que varios agentes erraron al accionar sus armas (fusiles y pistolas) contra el vehículo en movimiento. Al inicio pudo ocurrir que al menos uno percibió en el instante distorsionada la realidad y el riesgo, falló su juicio humano y efectuó el primer disparo que contagió y desencadenó más detonaciones de otros policías en un estado de confusión, desorden o pánico; el liderazgo policial en el terreno de operación perdió capacidad de frenar el exceso desatado; salió de control la acción irracional que concluyó en fatales consecuencias.

En el “después” con ejecución errónea, resultados desafortunados, solo el profesionalismo permite serenidad y humildad para identificar las fallas y aprender para superarlas, sin desesperación ni evadir la culpa…

Ejecutada la actuación policial --“durante”-- nos encontramos en la etapa posterior --“después”--hasta que se agote la instancia policial. Ante lo ocurrido son de esperarse cuatro acciones: i) la inmediata y obligada solidaridad moral, humana y material a las víctimas por parte de la Policía y el Estado; ii) la nueva actuación para investigar en la función de Auxilio Judicial los hechos: preservar la escena, inspeccionarla, ocupar evidencias, identificar circunstancias, testigos y autores, poner el caso ante la autoridad competente; iii) realizar por la Policía, bajo la supervisión de la autoridad gubernamental respectiva, la evaluación institucional sobre la actuación, los factores organizativos y de funcionamiento que permitieron que sucediera lo ocurrido, para superar las vulnerabilidades y efectuar los ajustes pertinentes y, iv) sancionar según los tribunales competentes a los responsables de los delitos cometidos.

Ocurrido lo anterior, de la experiencia desafortunada habremos aprendido, redundará en mejores competencias profesionales para la Policía, mejorará la confianza social y reducirá los riesgos futuros por el uso legítimo de la fuerza policial en actuaciones complejas contra la delincuencia común y organizada para preservar las condiciones favorables que la seguridad ciudadana tiene en Nicaragua.

 

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