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Desde la semana pasada, El Nuevo Diario ha estado publicando, segmentadamente, los resultados de la última encuesta nacional realizada por M&R Consultores, un estudio que se ejecuta cada seis meses y que tiene como objetivo principal medir cuantitativamente las preferencias de los nicaragüenses en los aspectos más importantes de su vida: social, económico, político, religioso, cultural.

Me detengo en el eje religioso porque considero importante alimentar esta faceta que todos decimos tener, pero a la que se le dedica poco estudio, y por lo tanto, he decidido alternar esta columna con temas de carácter social, internacional y sobre todo espiritual, para brindar mi punto de vista comunicacional.

Así que el jueves de la pasada semana me desayunaba este titular: “Catolicismo pierde más terreno”. Aunque solo se le dedicó un cuarto de una página interior, la nota es de sumo interés para los que nos dedicamos a analizar el macrocontexto nacional para ver el rumbo que sigue este pueblo en sus creencias. A simple vista, lo que causa el interés es el saber que hay menos católicos. Pero eso ya es noticia de uso y conocimiento actual, masivo y sin tanto valor.

Sabemos que esto solo interesaría a las altas jerarquías que ven su influencia sociopolítica --basada en el número de sus fieles-- mermada. Sin embargo, lo verdaderamente interesante es que los católicos, si bien siguen siendo mayoría en el país son los menos devotos, apenas el uno por ciento. Cuando lo leí, me pareció un error de digitación, pero no lo es. Y esto es paradójico porque la mayor religión del país es la que menos practica su fe.

Lo que Francisco, el buen hombre del Vaticano, ha llamado la indiferencia global y le ha plantado cara porque sabe que en su Iglesia no hay cabida para “los obispos mundanos ni sacerdotes politizados que no sintonizan con las necesidades de los fieles”. En Nicaragua, de tanta práctica, esto ya es normal, tanto así que ahora se ve en los mismos fieles.

Según la misma encuesta, el 63 por ciento de los católicos lo son de precepto. Estos son los que van a la iglesia 52 veces al año y alguna que otra vez cuando se murió alguien o se casa o bautiza un hijo o ahijado. Y peor aún, el 36 por ciento solo es católico nominal, es decir, no practica nada, solo dice ser de esta religión porque no se le ocurrió otra frase. En pocas palabras, el 99 por ciento de los católicos en Nicaragua no siguen los lineamientos de su propia religión.

Veámoslo mejor. A inicios de este año fui invitado a una reunión de un grupo católico, liderado por un obispo, solo formado por profesionales, y toda la sesión fue política. Luego fui invitado por un grupo carismático, pero cuando quise pedir consejo a uno de los líderes, este me dijo que tenía problemas similares a los míos, incluso peores. Pero lo que destruyó mi confianza en esta iglesia fue que en una entrevista que tuve con un alto jerarca de esta organización religiosa, me dijo que el culto a las imágenes ellos le llaman piedad popular y solo fue una manera de meter el catolicismo, es decir que ni ellos creen en estas devociones.

Así que esta nueva información solo viene a reconfirmar lo que a diario vemos en la práctica de la mayor religión del país. Cuando terminaba este artículo, un periodista de un seudo-noticiero reportaba cómo se prepara una bebida tradicional que se reparte en la fiesta patronal de Managua: en cámara el periodista se lavó los pies, las axilas y el torso, y luego esa agua se añadió a la bebida. No me quedó más claro hasta dónde se confunde cultura, tradición, paganismo, obscenidad e insalubridad en los católicos. ¡Y luego preguntan por qué pierden fieles!

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