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Los dirigentes de la oposición deberían analizar “con los pies en la tierra” cuál es la verdadera situación política del país, y cuáles son sus opciones verdaderamente factibles. Cerrar los ojos y negar lo que todas las encuestas nacionales e internacionales reflejan, es engañarse. El gobierno, sea por la razón que fuese, sea por razones explicables, o aunque se piense que son inexplicables, como sea, la verdad es que tiene un fuerte respaldo popular. Tanto El Nuevo Diario como La Prensa han publicado que el gobierno tiene 70.2% de aprobación, y que las simpatías son del 54.2% para el Frente Sandinista, el 6.3% para el PLC y el 1.3% para el PLI.

Algunos dirigentes opositores están llamando a dejar lo que llaman “apatía” o “indiferencia” para salir a las calles a manifestarse, afirmando que el camino para cambiar el gobierno es la confrontación popular masiva. Pero su llamado no ha tenido respuesta. Esos dirigentes deberían reflexionar que las personas no tienen “apatía” ni “indiferencia”, sino que 70.2% de ellos no ve la necesidad de confrontar un gobierno que aprueba, que además su llamado es rechazado por un 54.2% que simpatizan con el Frente Sandinista y son la mayoría, y que el 29.8% que no aprueba al gobierno no cree que el camino factible y sensato sea salir a las calles a confrontarlo con el fin de derrocarlo de esa manera.

Las encuestas y la falta de respuesta a sus llamados les están diciendo que aunque llamen a manifestaciones pacíficas la gente percibe que hay intención de desembocar en confrontaciones violentas, pues en el contexto de sus llamados está implícito que se pretende derrocar al gobierno en las calles violentamente; además de ciertos hechos que lo confirman. Seamos sinceros: recientemente cuando protestaron ante el CSE, rompieron las vallas metálicas que la policía puso para señalar el límite hasta donde se podía llegar, lo cual provocó la intervención de la policía y terminó en violencia.  La mayoría piensa que ya se ha derramado demasiada sangre y no quiere ver nuevamente a sus hijos, hermanos, padres y madres, muertos, heridos o mutilados. Además, los que encabezan esos llamados acostumbran irse del país dejando al pueblo matándose, y las guerras y confrontaciones violentas no han resuelto los principales problemas sociales y económicos de Nicaragua, solo los han agravado.

Derrocar al gobierno saliendo a las calles a manifestaciones que se sabe que tienden a ser violentas, no es realista. Además --por si algún iluso lo cree-- ningún presidente de EE.UU. (demócrata o republicano) va a intervenir apoyando ninguna revuelta aquí, porque no hay condiciones geopolíticas. Ese camino no es factible y la gente sensata no va a tomarlo.

Otro sector de la oposición lo ha entendido bien, y su estrategia es ir a la lucha política cívica en las elecciones. Reconocen sabiamente la fortaleza de su adversario que ganaría sin fraude con cualquier CSE, por lo cual no se desgastarán pidiendo un cambio de magistrados. Pero saben que no solo se elegirá Presidente y Vicepresidente, sino diputados, alcaldes y concejales. Comprenden que la realidad es que no van a ganar la presidencia, pero van a luchar en las Juntas Receptoras de Votos por elegir cargos desde los cuales crecer como partido llevando una cartera de proyectos que beneficien al pueblo. Y basándose en que un 92.6% de los nicaragüenses considera el diálogo político como positivo y necesario, van a buscar como dialogar con el gobierno para encontrar mejores caminos para Nicaragua. Esta pareciera ser la decisión del PLC. Si lo es, sería factible y sensata.

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