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La educación pertenece a la sociedad entera. Es un derecho humano fundamental que no admite restricciones, una vez que Nicaragua ha sido signataria de este y otros derechos reconocidos.

El conocimiento humano, y particularmente el que desarrolla la comunidad científica, posee una dimensión profundamente social. Esto, no solo porque la sociedad ha de ser su principal beneficiaria, sino también porque se trata de una construcción social. Tal dimensión no es sencilla ni de mentes privilegiadas que desarrollan, en solitario, teorías que imponen a la sociedad.

Precisamente este rasgo, reconocido en la actualidad por la Nueva Filosofía de la Ciencia del Giro Cognitivo, pone de relieve que el conocimiento científico, para ser aceptado como tal, requiere ser sometido a un debate auténtico, trascendiendo intereses de personas e institucionales particulares.

Esto explica que no basta con que los expertos formulen propuestas ni nuevos modelos teóricos, para comprender mejor los fenómenos humanos y naturales, sino que,  para llegar a ser aceptados y generalizados por la comunidad científica, deben ser sometidos a nuevos experimentos y discusiones, para al final lograr alcanzar consenso en la comunidad científica. Este debate y logro de consenso, más fácil en las ciencias naturales-experimentales, resulta mucho más complejo en las ciencias sociales.
Los conocimientos aceptados como científicos, responden al debate realizado entre posiciones contrapuestas, diferentes, entre las que no cabe la posibilidad de imposiciones antojadizas ni particulares. En este proceso, aquellas propuestas sin respaldo experimental, teórico ni práctico suficiente, pronto son desechadas, dejando paso a las más sólidas y consensuadas capaces de superar cualquier proceso de falsación.

La educación es la depositaria de buena parte de estos conocimientos, valores y actitudes éticas heredadas, sufriendo procesos de transposición curricular y didáctica para su aprendizaje. En este sentido, este derecho conlleva en su seno, no solo que toda la población reciba educación, sino que también la misma responda a un modelo concertado por la nación, en cuyo proceso participen sin distingo alguno, la sociedad con sus instituciones y especialistas. Estos presupuestos no se cumplen, cuando un sector impone un modelo educativo según sus intereses, no concertado, lesionando gravemente la esencia profunda de este derecho.

Ante este derecho fundamental que abre la puerta a los demás derechos en la medida que sea debidamente concertada y aplicada, no cabe escapatoria; si queremos que sea total, no debemos admitir exclusiones ni imposiciones de ningún tipo, insistiendo para que responda a los intereses debidamente concertados de toda la sociedad.

En este sentido, la participación ciudadana y de las instituciones públicas y privadas en la educación, se convierte en un deber y un derecho a la vez. Y si bien es cierto que las instituciones educativas nacionales están llamadas por ley a desarrollar los programas educativos, también lo es que, como administradoras de la misma, deben responder a este derecho con plenitud.

En la comunidad científica se alienta el pensamiento divergente y crítico, requisito necesario para construir modelos teóricos que recojan lo mejor de la diversidad de posiciones, teniendo siempre como línea directriz el beneficio de las sociedades.

Paradójicamente en Nicaragua, el modelo educativo no solo se impone, sino que también se evaden los procesos de participación amplia y diversa, eludiendo la diversidad de ideas, propuestas y modelos teóricos y prácticos para concertar este modelo educativo.  

En efecto, cuando comparten ideas únicamente quienes piensan parecido, o sus ideas responden a un pensamiento nomotético, oficial, orientado, incluso reprimiendo su pensamiento ideográfico y crítico, se pierde la oportunidad de construir un modelo social ampliamente compartido,  lesionando el corazón de este derecho.

También es cierto que no basta con abrir el discurso de la participación, si al interior de la misma, se manipulara a los actores para que, dejando de lado su pensamiento crítico fundamentado, se les utilizara únicamente para avalar posiciones oficiales.

Nuestro futuro como país está signado por el derrotero que se imprima a la educación. Si su modelo logra ser debatido por todos los sectores,  la responsabilidad e implicación social en la educación podrá llegar a ser mayor. Afianzar la división, exclusión y compartimentación, aportará cada vez más a ocultar la verdad de la realidad, adoptando medidas antojadizas, sin respaldo investigativo, científico ni sostenibilidad.

Director e investigador del Ideuca.

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