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Según la Ley de Protección de los Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias (Ley No. 842) es “si” cuando damos lectura a la forma en que se encuentra redactado el arto. 4 inc. 7 que desarrolla “Soberanía de decisión… Las personas consumidoras y usuarias tienen el pleno derecho y libertad de elegir el consumo de bienes y servicios producidos y comercializados por personas proveedoras en el mercado”. Pero si cotejamos esto con lo que nos acontece a diario y el desarrollo de los estudios y técnica de Marketing se responderá un ‘‘no’’.

Ley y realidad en un verdadero desencuentro. La ley parte del presupuesto que existe libre albedrío, voluntad del consumidor, en decidir en el mercado lo que va adquirir (consumir o usar), en el límite (no cierto tampoco) de su capacidad de pago. Aunque según las técnicas de propaganda se ha llegado a tal grado de avance en el estudio de la sicología del consumidor que puede predeterminar e inducir a elegir, manipulando la voluntad del consumidor a través de sus emociones, no del razonamiento. Ocupando colores, olores, formas, música, decoración, moda, gestos, palabras, etc. Que enamora y evite el razonar las decisiones, comprando por impulso.

Un ejemplo de este estudio: si instalará un negocio en carretera entre Managua y Masaya (ferretería, supermercado, comidería, etc.). ¿A qué lado lo instalaría? Esto se contesta sabiendo a qué hora del día el consumidor se detendría con mayor probabilidad a comprar; no es de ida a Managua, la mañana, cuando ingresa al trabajo, difícil. Pero de Managua a Masaya, en la salida, los trabajadores por la tarde van más tranquilos, como para detenerse a comer, comprar y llevar a casa. Esta es una respuesta general. Existiendo un segundo efecto; mayor valor de las propiedades ubicadas del lado de Managua a Masaya.

El mercado nos estudia, para elaborar las estrategias de mercado, haciendo las siguientes preguntas y encuestas a los consumidores; ¿Qué compra? ¿Quién compra? ¿Por qué compra? ¿Cómo compra? ¿Cuándo compra? ¿Dónde compra? ¿Cuánto compra?, etc.

Analicemos una de ellas ¿Cuándo compra?  Estudie qué productos compramos a diario, cuáles cada par de días, semanal (las verduras), quincenas o mensuales  (toallas sanitarias). Una reacción estudiada al detalle.

De esta manera acumulamos una cantidad de productos, que nunca ocupamos, o solo una vez, constando que han resultado compras inútiles; que altero los gastos de la casa, economía familiar, para adquirir algo que no era de verdadera prioridad. Y nos preguntamos, incómodos, por qué lo hicimos (en qué pensábamos al comprar). Y nuestra derrota es un triunfo de marketing que nos indujo a la compra.

No es verdad, definitivamente, que podamos disponer de verdadera voluntad para decidir. Y lo que separa esa voluntad de la realidad es información; alterada, manipulada o ausente. Y para ello un ejemplo de saturación que no brinda ninguna información.

Encontramos en el mercado Pepsi Cola, Coca Cola y Big Cola. Prescindiremos de los nombres, referiremos solo a “Cola”.

Respetando las marcas, que no es el objetivo de este artículo, mejor abordemos generalidad que nos permita analizar la estrategia de mercado que nos posibilite ver cómo provocan la necesidad y la subsecuente compra del producto: televisión y el anuncio que pasan es de “Cola” durante la novela, noticiero, película, etc. Vamos por la carretera y los rótulos que encontramos en grande y pequeño, paredes, ventas y distribuidoras, es de una “Cola”; el periódico y la propaganda de una “Cola”. Llego a un comercio inundado de propaganda de “Cola”; al cine y el primer anuncio es una “Cola”. Me digo, quiero una “Cola”, y voy a comprar porque “yo quiero esa Cola y tengo deseos soberano, ejerciendo mi autonomía de la voluntad; la compro”. La pregunta

¿Dispuse de mi voluntad?

Los tratadistas que estudian el tema coinciden que en la relación existe absoluta desventaja de información en relación con los datos que manejan los proveedores, resultando una evidente subordinación del consumidor y usuario.

Carlos Marx señala esta soberanía del consumidor en decidir que tan solo es una ficción jurídica. Diríamos mejor una mentira jurídica.  El profesor José René Orúe en su libro de “Análisis sobre el Régimen Jurídico de Protección al Consumidor en Nicaragua” concluye sobre el consumidor soberano… “el empresario trata de dirigir la voluntad de los compradores… franca desventaja”. En los Derechos a estar informados, se dice en el arto. 6 inc. 9 “Recibir información veraz, oportuna, clara y relevante…”. El punto ¿Nos la dan? La clave está dicha; busquemos  información y la frase será cierta.

*Experto en Derecho.

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