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El primer ministro británico David Cameron hizo una visita oficial a Vietnam. Nada inusual, si ese país del Sureste asiático, no fuera hoy lo que nadie siquiera habría sospechado hace 40 años.

El partido único vietnamita optó por una forma de desarrollo que solo China ha logrado, fusionado dictadura política con mercado libre. A ese fenómeno, yo le he llamado el capitalismo amarillo.

Así vimos que en los 70, el presidente norteamericano Lyndon Johnson le suplicaba al premier británico de entonces, Harold Wilson que enviara, aunque fuera, una banda de gaiteros escoceses a Vietnam, entonces sumido en una guerra sangrienta. Londres desoyó la súplica norteamericana.

En política los intereses pueden cambiar repentinamente. Pero eso no importa aquí. Importan los logros del país asiático, luego de la súbita desaparición del comunismo global, que algunos desadaptados quieren hoy “desmomificar”, embadurnándola con fragancias  religiosas, y omitiendo palabras terriblemente venenosas como “partido único”, “comunismo”, “sociedad sin clases”, “poder centralizado”.

Y hoy, para captar la atención de ingenuos o desesperanzados, se sigue adorando a dioses ideológicos de cartón. Pero escamoteando el vocabulario del catecismo original. Es decir, se robaron el santo, pero inventaron otro credo --sin intelectualismos ni vericuetos filosóficos--, para hacerlo menos peligroso e intimidante. Para hacerlo digerible, inocuo, acogedor.

Es paradójico ver como el marxismo, que se jactaba de su cientificismo, hoy coquetee con los dogmas religiosos para poder sobrevivir. ¿O esa ideología fue solo un relato mitológico bien escrito?

Los antropólogos culturales deberían estudiar este sincretismo, que comenzó con el mestizaje latinoamericano, facilitando la adoración de santos europeos con ritos politeístas indígenas. ¿La experiencia de la evangelización católica española fue el precedente del que se copió la fórmula política actual?

Hace cinco siglos el brebaje para la muchedumbre era: religión + idiosincrasia. Hoy es ideología + idiosincrasia.

¿Dónde está parado hoy Vietnam, luego de cruentas guerras contra Japón, Francia, Estados Unidos?

Todo comenzó con una simple decisión de los mandatarios comunistas vietnamitas: crear riquezas, vivir en paz, no guardar rencores.  

Vietnam tiene 90 millones de habitantes en un territorio de 337,000 km2  --igual a Nicaragua, Honduras y Panamá, juntos--; tiene la clase media de mayor crecimiento de Asia. Su  PIB: US$238 billones; inflación: 2.5%; desempleo --de los más bajos del mundo--: 1.84%. Se prevé que para el  2025, será la economía número 21 del planeta. Hoy es el primer productor mundial de camarones tigres; el segundo de café; el cuarto de arroz; el quinto de té; el octavo de mariscos. Sus principales socios son China, Japón, Corea del Sur, Unión Europea, Estados Unidos. Su industria textil, de celulares, maquinarias y computadoras es pujante. Exporta bauxita, antimonio, cromo, oro, hierro, fosfato y zinc.

Es cierto, Vietnam no es desarrollado. Pero es próspero.

Si el Che Guevara hubiera visto el Vietnam de hoy, ¿habría cambiado de opinión cuando planteaba que “América Latina debía llenarse de otros Vietnam”?

Tanto Londres, París y Bruselas, gustosas, extienden la mano a quienes olvidan la guerra y se esfuerzan por prosperar económicamente. Es cierto que el régimen de Hanoi dista mucho de ser democrático. Pues no puede haber paz social duradera, donde una elite controla razón, poder y libertades.

Cuando el presidente vietnamita visitó a George Bush (hijo), le pidió que trabajaran en un acuerdo de libre comercio. Aquella propuesta desentrañaba una nueva actitud.

Después de todo, si los vietnamitas están decididos a prosperar y vivir en paz con todo el mundo, ¡qué bien por ellos!

Indudablemente, los occidentales nos sentimos incómodos con sistemas híbridos o medio-dictatoriales, donde puede abundar el pan, mas no el pluralismo político.  

Los ejemplos de España, Chile, Sur Corea, Taiwán, demuestran que se puede llegar a la democracia por otro camino. No únicamente por buenos acuerdos políticos y elecciones libres, sino esperando un poco hasta que los estómagos se llenen, para después utilizar los necesarios derechos políticos que propicien una transición democrática consensuada.

Hoy vemos otras formas de capitalismo. Pero no estamos seguros si habrá otras formas de democracia plena.

Cito la reflexión del escritor catalán José María Gironella tomada de su libro: “En Asia se muere bajo las estrellas”, cuando viajaba por Vietnam hace 45 años: “No he creído nunca que el comunismo signifique en absoluto la solución para los problemas que el mundo tiene planteados; y que para atajar los torvos y cruentos abusos del capitalismo es preciso movilizar otros recursos, echar mano de otras fórmulas más dinámicas, menos impregnadas de odio y basadas siempre en el reconocimiento de la libertad y de la dignidad humana”.

*Máster en Asuntos Públicos e Internacionales.

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