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Quizás Venus y Margarita Debayle lloran sin consuelo; las dos desde el infinito sus lágrimas dejan caer, la erguida cabeza del gran Caupolicán ya dijo ¡basta! Puede que Roosevelt ya rece a Dios, sin duda lamentablemente, León dista de Francia o París, y nuestro Darío recuerde eternamente a su gran inspirador Paul Verlaine.

El tiempo pasa y los contextos se ajustan, sin embargo allá en el pasado, poemas y cuentos despuntan en Rubén Darío aquel julio de 1888, cuando en Valparaíso, Chile, los hace público, tal cual relación es necesaria que lo reconozca y legitime los progenitores de una joven que ha encontrado su príncipe Azul.

Los poemas escritos por Rubén Darío y publicados en Azul, han sido expresión de incomodidad o satisfacción, sean sentimientos patrióticos o políticos, en actos públicos escolares, en eventos oficiales, en manifestaciones partidarias y en la vida cotidiana.

Extractos son grabados en paredes convertidos en murales, en pedazos de latas o en la mal usada publicidad. En discursos partidarios y académicos, Darío ahí está. Descontento con el ser humano, con el amor, con el odio, con el sistema o con él mismo.

Descontento que, sus estudiosos sabrán mejor, manifestaba su personalidad. Darío es un todo; un todo que su nombre es usado hasta en lo que no es permitido por ley, así Darío hasta en las cantinas está.

Se reconoce que el inicio del modernismo hispano, lo repunta la publicación de Azul. El 30 de julio 2015, cumplió 127 años y se continúa debatiendo y dando lugar a la apertura de la inspiración para que se escriba poesía en sus diversas expresiones. La cultura heredada, de que en la escuela nos mandan a recitar Caupolicán, La Marcha Triunfal o el verso “Juventud divino tesoro…”, quizá algunas veces pocas aceptadas, es obstáculo mental del poco desarrollo del intelectual nicaragüense, puesto que no se lee, da pena o hay desprecio por la cultura poética de este país.

Azul de Darío, tal cual trozo de azul intenso, como habría escrito el poeta leonés Alfonso Cortés, manifiesta los malestares de las estructuras sociales de la época, dibujadas en los lienzos de papel expresadas por el artista nicaragüense, en distintos contextos de la América hispana. Pinceles de la mente que demanda arreglar el mundo injusto y desequilibrado, conducido por humanos.  

Dado el mérito, naciones abiertamente manifiestan el valor literario de los escritos de Darío. En México, Perú, Argentina, Chile, España y otros, mostrados en plazas, monumentos y parques, en placas y expresados a través de extractos de la poesía más representativa.

Durante la ponencia del académico Gustavo Lacayo Parajón en la Inauguración de la Cátedra de Martí a Sandino en la UNAN-León y auspiciado por la Embajada de Cuba, él exhortó que los escritos de Rubén Darío sean reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Pues este es otro reto que valdrá el sacrificio empeñarse para un nuevo reconocimiento para la nación nicaragüense, esta vez bajo el aura del príncipe Azul de las letras castellanas, Rubén Darío.

*Periodista nicaragüense.

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